Vox ha conseguido permiso para promover una exhibición pública de banderas rojigualdas en caravanas de coches, en casi todas las capitales de provincia, este mediodía. La Fiscalía ha respetado el derecho de la formación a manifestarse en las calles, los manifestantes podían acudir a los actos convocados en vehículos, motos o bicicletas. De esta forma se ha intentado armonizar el derecho de manifestación con la salvaguarda del derecho a la vida, a la integridad física y a la salud. Una demostración de que el estado de alarma no ampara un recorte de libertad como sería la suspensión del derecho de reunión y manifestación. Hasta ahí, todo correcto, aunque algunos lo dudaran.

Por un momento, las caravanas de vehículos con banderas rojigualdas «Made in China» me han trasladado a hace diez años, el 13 de julio de 2010, para celebrar el triunfo de la selección española de fútbol en el Mundial de 2010. Incluso había en la comitiva de Madrid, un autobús descapotable, pero esta vez sin los jugadores, el equipo técnico y la Copa del Mundial, esta vez con la cúpula de los dirigentes de Vox. Detrás del autobús descapotable, una furgoneta con una lona con el siguiente enunciado:  “40.000 muertos, 8.000.000 de desempleados, 100.000 empresas cerradas, colas de hambre. Vota PSOE, siente vergüenza”.

La diferencia es que esta vez no era una demostración de alegría, era una exhibición de unos «españoles y españolas» que se han erigido en representantes de un descontento contra el Gobierno de España. El «soy español,español» del 2010, se ha cambiado por gritos de «libertad» y «Gobierno dimisión», hasta con discurso incluido del líder de Vox. Una forma de continuar la protesta iniciada en las últimas semanas con las  caceroladas de vecinos contra el Gobierno en el barrio de Salamanca de Madrid y después en otras ciudades españolas. Solo ha faltado, esta vez, la foto de las tres derechas como en la concentración de la Plaza de Colón del 10 de febrero, en protesta de las políticas de Pedro Sánchez y exigiendo la convocatoria de elecciones.

Tanta exhibición de banderas rojigualdas «Made in China», demuestra que hay muchas personas que piensan y votan diferente, que tienen todo el derecho a hacerlo, que hay mucha gente descontenta por una mala gestión de la emergencia sanitaria, que hay mucho temor a la crisis económica que nos espera. Y, sobre todo la habilidad de la extrema derecha de monopolizar una catástrofe en vidas perdidas, para ganar votos. Quizás todos no eran fachas, aunque seguro que había alguno. Ni creo que todos fueran pijos del barrio de Salamanca o de otros barrios acomodados de otras ciudades de España. Y, seguro que había gente de origen humilde, clase trabajadora sin conciencia de clase, que no han cobrado aún, que están en un ERTE o simplemente han perdido su trabajo.

Porque cada día hay más gente que votará a la extrema derecha, porque se sienten desamparados y engañados por un PSOE creyendo que era de izquierdas o de Unidas Podemos que cada vez se parece más a la «casta política» que ellos criticaban. Una vez más, una exhibición pública de banderas españolas, con personas que se envuelven en ella y en nombre de la Patria, como muestra de orgullo, que se refugian en el hecho de ser más españoles que los demás y que su falta de ideas y alternativas políticas, las camuflan de un falso patriotismo.   

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