Se nota el olvido de aquel movimiento del 15 de mayo de 2011, después de ocho años de aquella acampada de 28 días en la Puerta del Sol de Madrid y en tantas otras plazas de España, se ha olvidado ese espíritu rebelde que salió a las calles y que parecía podía cambiar muchas cosas en España. El movimiento de indignados, que fue el acontecimiento político más importante en nuestro país después de la Transición y del reciente desafío soberanista catalán.

El movimiento de rebeldía y de revolución del 15-M ya no pervive en la sociedad, solo las feministas, los pensionistas y unos pocos ecologistas mantienen la lucha en las calles. El resto de ciudadanos y ciudadanas siguen manteniendo un divorcio con el plano político y han olvidado que hay que seguir expresándose y luchando por nuestros derechos. Aunque Podemos intentó apropiarse del movimiento 15-M, ni ellos ni sus confluencias, han conseguido los fines electorales que se pretendía.

La aparición de Podemos no supo canalizar el espíritu de desafección política y de descontento social del 15-M, aunque de alguna manera cambiaron la política tradicional española, tuvieron sus frutos en las elecciones europeas de 2014 y en las elecciones generales de 2015. Después todo ha sido perder votos, a pesar de su alianza con Izquierda Unida en las elecciones generales de 2016. Podemos quiso capitalizar el movimiento 15-M y recuperar una base electoral del PSOE, Izquierda Unida, un cierto nacionalismo y la abstención, con la intención de dar el «sorpasso» al PSOE, pero no lo consiguió. 

El caudillismo de Pablo Iglesias, las luchas internas de Podemos, el conglomerado de partidos que son Podemos y sus confluencias, los poderes fácticos que han luchado contra ellos, no les ha permitido ni competir con la derecha ni desbancar al PSOE. Todo esto ha supuesto que un movimiento irrepetible como el 15-M, no ha triunfado o mejor dicho ha fracasado. El olvido del 15-M ha sido su mayor derrota, porque ya nadie se acuerda aquellos españoles y españolas, que algunos por primera vez, expresaron su indignación y su deseo de cambio. El olvido ha ganado a la indignación.

Quizás olvidamos muy rápido, nos cansamos de los retos, entramos en el agotamiento, la desilusión y la apatía. Pero, cuando perdemos la memoria, lo perdemos todo. En nuestra huida hacia delante nos hemos olvidado del movimiento 15-M y de todo lo que representó, nos hemos acostumbrado a ese entorno feísta que nos rodea y nos hemos acostumbrado de nuevo a no conectar con los demás, a no tener la capacidad de relacionarnos y crear vínculos profundos para cambiar esta sociedad… 

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