La vanidad es mentirosa, manipuladora y vive aislada de la realidad, no es que se haya decidido construir un nuevo hospital en Madrid, lo que es cuestionable es su necesidad. Un hospital pensado para una pandemia, para las emergencias, pero que nadie tiene claro su función cuando se acabe la pandemia o no exista una gran emergencia. Un hospital que ha costado más de cien millones de euros; que la duración de las obras ha sido de tres meses, según la versión oficial; un hospital polivalente emulando lo que fue el hospital de Ifema en la primavera y su éxito desde el punto de vista logístico. Muchas veces, no sabes con certeza, si las cosas se hacen por verdadera necesidad o por buscar un culto a la apariencia, a los halagos, a la vanagloria personal o simplemente para conseguir votos en la próximas elecciones. La inauguración del Hospital Isabel Zendal, hoy en Madrid, es el fruto de la vanidad de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Díaz Ayuso, porque la vanidad es creerse que se está en lo cierto constantemente.

Un hospital lazareto que ha copiado la improvisación de Ifema, que tuvo mas de 1.000 camas, a modo de “hospital de campaña”, donde se iban trasladando a los pacientes que estaban en una fase final de su periodo de hospitalización y que no requerían de la estructura de un hospital tradicional. El Isabel Zendal no tiene paredes, no tiene privacidad para los pacientes, donde recuerda la disposición de los hospitales de otros siglos, que no es quizás lo más recomendable para el aislamiento; donde no hay quirófanos, ni personal. Todo el dinero empleado en la construcción, mantenimiento y funcionamiento de dicho hospital, se ha dejado de emplear en la Atención Primaria y en el resto de hospitales de la Comunidad de Madrid, por la megalomania de unos dirigentes políticos. Un impresionante edificio, construido a mayor gloria de su presidenta, que no tiene utilidad ahora y quizás no lo tenga nunca, por suerte. Y, todo en detrimento de las ajustadas plantillas del resto de hospitales y de los pacientes en espera. Porque el Isabel Zendal, será un hospital con personal prestado, cedido por los otros hospitales y con voluntarios.

Los logros de la vanidad despiertan admiración, pero cuando pase el tiempo, delatará las carencias y los excesos que se han hecho con este hospital. Trascender la vanidad pasa por empezar a valor la utilidad de un hospital de estas características y de su importe. A  lo mejor tiene menor impacto mediático aumentar la plantilla del resto de hospitales y de la Atención Primaria, poner más camas y abrir las UCI cerradas, más rastreadores, mejorar los salarios. Pero, claro está, todo esto no tiene ni portadas ni minutos de oro en las televisiones. No se ha valorado lo importante, que es la salud de los enfermos y las condiciones del personal sanitario, ha prevalecido la suntuosidad de la inauguración de un hospital, que está muy lejos de serlo. Quizás es más sencillo gastar dinero que invertirlo, sin importar en su necesidad.

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