Un camino duro, empeñados a llegar a toda costa a su destino, frío, lluvia y barro, caminos anegados. Caras de decepción, con semblante resignado, carretas con toldos cerrados, tractores, caballos, mulos y bueyes, chubasqueros cubriendo los tradicionales lunares de colores y los simpecado que apenas se distinguen resguardados bajo un aparatoso plástico. No son refugiados, son rocieros.

La devoción rociera, los une y empuja en torno a ese sentimiento mariano. Su objetivo no es otro que cumplir un sueño, un anhelo que tras un año de espera, supone el encuentro con la Virgen del Rocío. La fe no entiende de aguaceros y tormentas, pero tampoco de quejas. Tienen dispositivos de atención y emergencias con motivo de la romería, comprobando el estado de los caminos, planteando alternativas pertinentes, velando por la seguridad, el tráfico y la salud de las miles de personas. 117 hermandades filiales, miles de personas entonando los clásicos «vivas» a la Blanca Paloma, sones de flauta y tamboril, salves y sevillanas.Las batas rocieras y las zapatillas empapadas, algunos no tienen una carriola para refugiarse, el suelo lleno de agua y barro, hace frío de madrugada. No me valen las quejas de los romeros, de un camino duro.

Mi respeto a los rocieros, a esa mezcla de expresión, de sentimientos y promesa. La mayor peregrinación de España llegará este fin de semana a su momento especial, la noche del domingo a la espera de poder entrar al templo para pasear a la Blanca Paloma.  Hacer el Camino es para el rociero una forma de vivir el acercamiento, hacia la Virgen del Rocío.

Pero, en otros caminos lejanos, está la diáspora más grande que se ha visto desde la Segunda Guerra Mundial, miles de refugiados sirios, olvidados en los caminos, en los campos de refugiados, esperando para deportarlos de vuelta a Turquía. Los mayores yacen en las tiendas de campaña, la desesperación crece a diario, pasan hambre, los niños han vuelto a jugar de nuevo en el lodo. Ellos no son romeros, sufren un ataque permanente a los derechos humanos. Ellos no llegarán a la Aldea del Rocío, no les espera la Blanca Paloma. Ellos tienen todos los motivos para quejarse.

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