Basta de homofobiaHoy 17 de mayo se celebra el Día Internacional contra la Homofobia, cuando se tiene un día para conmemorar o recordar algo es que a lo mejor hay algo que no funciona el resto de días del año. La sociedad no ha cambiado tanto, sigue conservando miedo, rechazo, aversión y odio hacía los homosexuales, bisexuales y transexuales. Se discrimina, se perpetran actos violentos y vejatorios a esas personas que tienen una orientación sexual diferente y contraria a la mayoría. Pensando erróneamente  de que unos son «mejores» que los otros por su orientación sexual.

Casi once años de la aprobación de la Ley 13/2005, que convertía a España en el tercer país del mundo, después de Holanda y Bélgica, en dar luz verde al matrimonio homosexual. Pero, quizás las leyes, y sin que sirva de precedente, han ido por delante a la mentalidad de los españoles. Fue algo más que un simple cambio legislativo, se intentaba alcanzar un avance fundamental en pro de la tolerancia, la libertad, el respeto y la diversidad

La historia de la homosexualidad en España ha sido una constante lucha por los derechos y libertades del colectivo LGTB (lesbianas, gais, transexuales, bisexuales y personas transgénero) pero aún queda por derribar mitos muy extendidos en la sociedad. Desde educar en la tolerancia desde las aulas hasta erradicar en nuestro lenguaje los insultos a los que tienen una orientación sexual diferente, la discriminación social y laboral, pasando por una Ley Integral que prevenga cualquier tipo de discriminación por motivo de orientación sexual o identidad de género. La LGTBfobia, o rechazo por razones de orientación sexual y de identidad de género es una asignatura pendiente, aún a pesar de los logros de derechos que se han ganado estos últimos años.

La homofobia es un delito de odio, son imperdonables las agresiones sufridas por jóvenes en Madrid el pasado mes de abril o la presión que ha vivido el árbitro de Liga Andaluza Jesús Tomillero. Homofobia que se concreta en muchas acciones cotidianas, que van desde la invisibilización de las agresiones físicas, el acoso, el despido e incluso el asesinato  Pero, lo más grave es que es un colectivo que apenas denuncia, por miedo.

Hay que conseguir una sociedad en que las personas puedan vivir en sintonía con su orientación sexual e identidad de género, porque todo lo que despierta miedo y odio a lo diferente es malo para la igualdad, condicionando nuestra forma de pensar y de relacionarnos.

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