La desigualdad social es injusticia, no es lógico que tres personas en España acumulen lo mismo que el 30% más pobre de la población del país; que tres personas posean la misma riqueza que todos los habitantes de Cataluña y la Comunidad de Madrid juntos. Más desigualdad, no es para estar  orgullosos de un sistema democrático que permita tanta diferencia, aunque los ciudadanos siguen votando a los que benefician el liberalismo económico y seguimos atrapados en el consumismo, haciendo más grandes y más ricas a las empresas y a sus propietarios. No es la crisis, ni siquiera el desempleo, el problema de esta sociedad es el constante aumento de la desigualdad.

La crisis no nos ha afectado a todos por igual, ni la supuesta recuperación económica trata tampoco a todos por igual. La desigualdad comienza con la elevada tasa de paro, la falta de empleos, que éstos sean precarios, temporales y con baja remuneración. Todo esto hace aumentar el número de trabajadores pobres, agravado en el caso de las mujeres y los jóvenes.

Los ciudadanos de a pie, pagamos impuestos de nuestro trabajo, los millonarios tienen rentas del capital en lugar de un salario. No pagan hasta un 45 % lo hacen al 19 o al 21 %. Fingen una residencia fuera de España, aunque en realidad residen en España, donde además desarrollan su actividad económica. Crean sociedades en países con una tributación baja o establecen una sociedad de inversión de capital variable (SICAV), aportando al Estado el 1% de sus ganancias, frente al 30% o el 25% como hacen las pymes. Y, aparte de todas estas argucias de elusión fiscal, además existe la evasión de capitales a paraísos fiscales, que supone una pérdida para las arcas públicas, menos dinero para gastar en la sociedad y más dinero que tenemos que pagar los demás.

Los gobiernos deben ser más transparentes y rendir cuentas; tiene que pagar el que más tiene; hay que gastar en educación, ínvestigación, salud, servicios básicos; fomentar los salarios dignos, es decir, salarios que permitan a las personas mejorar su capacidad de compra y su nivel de vida. Enfocar una política social basada en los derechos: a la alimentación, a la educación, a la salud, a la vivienda, a  la dependencia, etc

Los ciudadanos somos responsables de quien nos gobiernan, pero también del consumo responsable. Somos libres de comprar donde queramos, no somos conscientes del gran poder que podemos ejercer. No comprar ropa en algunas cadenas textiles, no comprar en determinadas cadenas de supermercados, comprar como opción en mercados, tiendas tradicionales también puede favorecer a mitigar la desigualdad.

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