Nuevo curso, nueva Ley de Educación, siempre ha faltado consenso y continuidad, las leyes se promulgan para resolver problemas importantes y para dar estabilidad a las soluciones que se adoptan. Pero, en España, nos ha faltado madurez y consenso para que lo que hace un gobierno lo deshaga el siguiente. Tenemos un nuevo acrónimo para recordar: LOMCE o conocida también como «ley Wert», defendida a ultranza por el PP y rechazada por toda la oposición.

La Ley General de Educación de 1970 (LGE), impulsada por el ministro Villar Palasí, en la que se implanto la EGB fue la primera reforma educativa importante y duradera desde 1857.  Desde 1980 hasta este curso, hemos tenido seis planes de estudio: LOECE (1980), LODE (1985), LOGSE (1990), LOCE (2002), LOE (2006) y ahora LOMCE (2013) y otros Reales Decretos, modificando o alterando el sistema educativo español. Una sopa de acrónimos que no puede presagiar nada bueno para la educación de nuestros hijos y para el futuro del país.

Ha habido tres leyes que han sido las vertebradoras de la educación en España, la LGE de 1970, que tuvo vigencia hasta 1990, la LOGSE que derogó la primera, y la LOE de 2006. Ahora la LOMCE nace con la idea de dejar sin aplicación estas dos últimas por no haber cumplido con los objetivos educativos en España, según el PP.  En cuanto al sistema universitario, se realizó la «gran reforma», el Plan Bolonia para adaptarnos al espacio europeo de educación superior en el año 2007 y que hasta el año 2010 no entró en vigor en su totalidad. Ahora, además se pretende introducir duraciones diferentes en los títulos, de tal forma que las universidades tengan libertad para implantar Grados de 3 años o de 4 años de duración, y Máster de 1 o 2 años de duración, lo que va a significar una confusión aún mayor, y en convertir la universidad para ricos, ya que no todos podrán permitírsela.

Solo falta responsabilidad por parte de nuestros políticos, un consenso para pactar un pacto de estado que posibilite la estabilidad que la educación española requiere, y nos aleje de los continuos vaivenes educativos a los que estamos acostumbrados. Ni el PSOE ni el PP han sabido crear una ley que guste a todos. Necesitamos una escuela pública, plural y democrática que que defienda el derecho a una educación para todos, que enseñe a los niños y niñas a ser buenos ciudadanos, responsables, solidarios, sin ningún tipo de discriminación, que apueste por la integración y por la igualdad de oportunidades y que tengan valores democráticos. Respetando la libertad para escoger entre educación pública o privada. Ahora, solo nos falta tener una Ley de Educación que no se cambie cada nuevo gobierno y que encuentre la continuidad y la necesaria estabilidad del sistema educativo.

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