Hoy es día de resaca electoral, de números y más números, de votos y porcentajes, de declaraciones de triunfadores porque parece que nadie ha perdido, es tiempo de pactos, de coaliciones, en resumen de formar nuevos gobiernos autonómicos y nuevos ayuntamientos.

El resumen es que el bipartidismo está claramente debilitado, pero no roto. Que el PP, pierde casi dos millones y medio de votos (pero siguen siendo los más votados) y los socialistas pierden casi 700.000 votos en toda España. El Partido Popular pierde la mayoría absoluta en todas las comunidades autónomas. Podemos y Ciudadanos, se consolidan como fuerzas políticas, aunque quizás con menos éxito del que se esperaba por parte de Ciudadanos, Podemos y Ciudadanos serán la «llave» para gobernar en prácticamente todas las autonomías. Izquierda Unida, ha quedado prácticamente anulada en todo el Estado, sólo resiste Gaspar Llamazares en Asturias. UPyD  ha obtenido su peor resultado electoral desde que se formó, quedando al borde de la desaparición.

Las municipales tuvieron especial emoción en Madrid y Barcelona, con el triunfo de Manuela Carmena (Ahora Madrid) y la activista Ada Colau con Barcelona En Comú, Y, las derrotas de Esperanza Aguirre en Madrid y de Rita Barberá en el ayuntamiento de Valencia.

El verdadero triunfo de estas elecciones desde el punto de vista de la izquierda es el triunfo de los procesos de confluencia progresistas y las listas consensuadas. Una nueva forma de hacer política, de revertir las políticas de recortes y de desigualdades sociales, apostar por procesos de confluencia para que la izquierda desplace en el poder al PP las próximas elecciones generales. Los partidos como el PP y el PSOE apostaron en estas elecciones por el discurso del miedo y la descalificación, han conseguido buenos resultados, a pesar de la pérdida de votos, las mayorías se han acabado y ahora necesitarán del voto de Podemos y de Ciudadanos para poder gobernar en muchas autonomías y ayuntamientos.

El sistema electoral español debería de cambiar porque favorece a las mayorías por la famosa Ley d’Hondt, beneficiando a los partidos nacionalistas y perjudicando a las fuerzas minoritarias estatales, como IU y UPyD. El panorama político ha cambiado, los resultados electorales obligan a consensuar y a pactar políticas, a que todos cedan un poco y que gane la ciudadanía, a olvidar egocentrismos y egoísmos partidistas y facilitar la gobernación de las instituciones
En Europa el consenso político ha reemplazado a la política de la confrontación y de la alternancia.  El típico consenso político a nivel europeo es lo contrario de la alternancia de Gobiernos de un solo partido y la política de confrontación que existe en España, llegan tiempos en que el prestigio o el desprestigio de nuestra clase política dependerá de su capacidad de consensuar y de pactar o de hacer el ridículo como en Andalucía.

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