La investidura de Quim Torra como president de la Generalitat, nos desvela sus maneras activistas, reaccionarias y contrarias al modelo de sociedad abierta y multicultural. Su supuesto supremacismo, es diferente al independentismo catalán, porque los catalanes no son superiores a los españoles. Una cosa es defender la creación de un Estado catalán independiente y otra muy diferente abogar por el supremacismo catalán, por una ideología racista.

En Catalunya, no hay dos millones de supremacistas que se crean superiores a los españoles, hay dos millones de catalanes que no quieren pertenecer al Estado español. Ni los catalanes son más trabajadores, ni inteligentes, ni avanzados que el resto de los españoles. Porque generalizar es equivocarse, y por ser catalán no se es más ni menos que otro ciudadano de otro sitio.

Insultar, descalificar y marginar lo «español» y asegurar que los catalanes son mejores que el resto de españoles, forma parte de lo más peligroso del supremacismo y del populismo europeo. Una cosa es defender Catalunya: tu país, tu cultura, tu idioma y otra es atacar a los demás y creerte que los demás son inferiores por creer que son diferentes. Eso no hace ningún favor al independentismo catalán.

Es legitimo que Quim Torra siga trabajando “para formar la República de Cataluña” y eso le honra como político independentista, pero sus comentarios no pueden ser las de un activista. Sus comentarios deben tener su responsabilidad como President y no abrir una división en Catalunya y con el resto de España. La caverna mediática ha encontrado una mina de oro en las afirmaciones de Quim Torra – aunque haya borrado y pedido disculpas por dichas afirmaciones- para atacarlo y para pedir la continuidad del 155.

El supremacismo es un delito de odio, Quim Torra debe tener cuidado con sus comentarios, porque eso crea odio y  xenofobia sobre los españoles, pero también porque muchos catalanes se sienten españoles. El «molt honorable President de la Generalitat» se equivocó con sus tuits, con sus artículos de opinión y sus comentarios. Lo que no sabemos es si está arrepentido ahora de dichos comentarios, pero lo que tengo claro es que dichos comentarios le incapacitan a ser President de todos los catalanes. ¡Supremacismo, no gracias!

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