Tres noticias que se han convertido en virales con un denominador común el racismo y la xenofobia en nuestra sociedad: la primera, el 31 de julio, una mujer en el metro de Madrid, que no deja sentarse a una niña latina, tachando a los inmigrantes de «sinvergüenzas» y afirmando que los españoles pagan por todos los que vienen. La segunda noticia, el 11 de octubre, unos guardias de seguridad de Renfe, han agredido y expulsado del tren a un joven negro que se negó a mostrarles su billete argumentando que no era su competencia y pidiendo que llamaran al revisor. Y, la tercera noticia, el 19 de octubre, un pasajero de Ryanair entre Barcelona y Londres, se negó a sentarse al lado de una mujer negra, insultándola con apelativos como «bastarda», «fea» y «estúpida vaca».

Las tres noticias no demuestran nada, son simplemente tres actitudes racistas y xenófobas de unas determinadas personas, que por suerte no gozaron del apoyo del resto de personas presentes: ni en el metro, ni en el tren ni en el avión. Pero que son actitudes de un racismo disfrazado que sentimos a nuestro alrededor, ese que discrimina por motivos raciales o características físicas de las personas. Esas actitudes xenófobas que se permiten odiar y rechazar al extranjero. Y, sobre todo, ese sentimiento de aporofobia, de rechazo a los pobres. Porque aún hay gente, que piensa que tiene más derechos que otros, por razón de nacimiento.

Que los chinos no pagan impuestos, que los extranjeros se llevan las ayudas, que colapsan la sanidad pública, que bajan el nivel de la educación, que tienen muchos privilegios, que nos van a quitar el trabajo, que traen delincuencia… Son comentarios que se escuchan en cualquier calle de nuestras ciudades. El desconocimiento es caldo de cultivo del racismo y eso es muy peligroso, pero más cuando ciertos partidos políticos lo utilizan para ganar votos y crear rechazo. Antes de la crisis, la inmigración entró en el mercado laboral de los nuevos esclavos: el trabajo más sucio, más precario, más ilegal y peor pagado, el que la gente de aquí no quería.

Cuando llega la crisis, aumenta el paro, se rediseña el modelo económico y se recortan los derechos sociolaborales, parece que los inmigrantes nos molestan, que sobran esas personas que también han ayudado a generar riqueza. Es el momento de esos partidos populistas, que favorecen el racismo y la xenofobia, que criminalizan a los más débiles, a los extranjeros pobres, a esa amenaza que llega en pateras… Mientras el poder económico sigue engordando sus cuentas de resultados y algunos están convencidos de que la solución para salvar el país, es votar a partidos que fomentan el racismo y la xenofobia. Peligro, con estos salvapatrias de pacotilla…

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