Italia no quiere inmigrantes, ni refugiados, rechaza a los pobres, no es la raza ni la procedencia es la pobreza lo que no quiere. No es fobia al extranjero sino al pobre, lo que les molesta de los inmigrantes es que sean pobres. Es la aporofobia, el odio en función del nivel adquisitivo de las personas, lo que distingue entre los discursos despreciables de antiinmigración, contra los extranjeros de escasos recursos a los que se acusa de aprovecharse del sistema «sin aportar nada a cambio» y los extranjeros bienvenidos que traen dinero y fama.

Cristiano Ronaldo deja el Real Madrid para fichar por la Juventus. La Juve pagará 112 millones de euros, un contrato al jugador hasta el 30 de junio de 2.022 y Ronaldo ganará 31 millones de euros netos por temporada. El jugador será una importante fuente de ingresos para la Vecchia Signora, nadie se plantea la nacionalidad de Ronaldo, si Ronaldo es portugués, si nació en una familia humilde en Madeira. Ronaldo es bienvenido, por casi todos.

La familia Agnelli, máxima accionista tanto de Fiat como de la Juventus, ha invertido en Ronaldo para conseguir triunfos deportivos y explotar la marca Ronaldo, para conseguir pingües beneficios. Mientras los trabajadores de Fiat, tienen recortes en sus sueldos. No es normal que una persona gane tantos millones mientras que miles de familias trabajadoras no llegan a fin de mes. No es lógico que se cierre las fronteras a los inmigrantes clandestinos, que se les deje morir en el Mediterráneo y que el extremista de derecha Matteo Salvini, esté orgulloso de ello. Puertas cerradas a los inmigrantes pobres, a los que huyen de sus países, del hambre y de la guerra. Puertas cerradas a los que llegan en barcazas en pésimas condiciones sanitarias, con cuadros de desnutrición y enfermedades. Puertas cerradas, porque son pobres.

Los xenófobos del ministro italiano no quieren que desembarque ni un inmigrante pobre, pero abren sus brazos a Ronaldo. «Porca miseria», solo importa el dinero. Los inmigrantes pobres seguirán siendo olvidados y muriendo ante las miradas impasibles de los estados europeos. ¿A, cuántas personas se les podría salvar con 31 millones de euros netos al año?  Vergogna, Italia, vergüenza Europa…

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