Vivir es equivocarse y acertar alguna que otra vez, nuestra vida no es un guión escrito para nosotros, tenemos que improvisar, cambiar y alguna vez nos toca rectificar. Aunque hay gente que nunca se arrepienten de nada, que no se equivocan nunca o no reconocen sus errores, que no se equivocan nunca, que se creen perfectos, que están convencidos de estar en posesión de la verdad, de que todo lo que sube baja. Todos tenemos el derecho a equivocarnos y a cambiar de opinión, pero nos cuesta a todos rectificar.

Nos equivocamos cuando clasificamos a la gente, cuando idealizamos las cosas o las ideologías, cuando convertimos las cosas en buenas o malas, en amigos o enemigos. Rectificar quizás es de sabios, pero quizás eso lo desconocen nuestros políticos, porque les cuesta mucho rectificar sus opiniones y sus actos. Hace poco tiempo Venezuela era un referente democrático para los líderes de Podemos y de ataque por parte de sus adversarios políticos. Ahora Pablo Iglesias, ha afirmado que la situación política y económica actual de Venezuela es «nefasta», y ha reconocido que no comparte algunas de las opiniones políticas que manifestó en el pasado.

Rectificar en política es una excepción, tanto en políticos honrados como a los corruptos, imputados, los que falsean su trayectoria académica con títulos falsos o los que desafían al Estado. La rectificación demuestra sabiduría si no es forzada por las circunstancias, pero aún así, muchos no lo hacen. Necesitamos políticos que reflexionen, que den marcha atrás, que sepan dimitir y que devuelvan el dinero que no es suyo. El político debe generar confianza a la sociedad y eso comienza con saber rectificar y actuar en consecuencia, pero antes no mentir ni apropiarse del dinero que no es suyo.

Necesito creer en la política, en que el sistema funciona, en que todos los políticos no son honrados, en que los errores se pueden corregir, en que hemos de ser capaces de aislar a los corruptos. Porque la corrupción no está en las personas, sino en las reglas y la transparencia del sistema, pero hace falta voluntad política y saber adaptarse a las circunstancias y a la altura de las expectativas de los ciudadanos, porque no somos ni ciegos, ni sordos, ni tontos.

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