Madrid decidió priorizar la economía por encima de la salud de los ciudadanos, cuando a mediados de octubre, tenían una incidencia acumulada en la Comunidad de Madrid de 465 casos por 100.000 habitantes, más del doble del promedio nacional. Todo el mundo entendía que la situación epidemiológica en Madrid era un peligro y que la obligación era frenar al virus y proteger la salud de los ciudadanos, pero la presidenta Díaz Ayuso apostó por salvar la economía, en contra de las opiniones del Gobierno de España.

Pidió que anularan el estado de alarma, habló de «la vuelta a regímenes totalitarios” y de querer acabar con la autonomía, de atacar las libertades individuales, de usar las restricciones como «arma política» contra el Gobierno de la Comunidad de Madrid, de convertir en «rehenes» a los madrileños. En contra de las medidas que adoptaron otras comunidades y del estado de alarma nacional, la Comunidad de Madrid obtuvo el visto bueno del Ejecutivo central para cerrar perimetralmente la región exclusivamente el puente de Todos los Santos y de la Almudena. Una solución intermedia que Ayuso lo celebró en redes sociales como una victoria. Se mantuvo la estrategia de confinamientos por zonas básicas de salud y las restricciones específicas en ellas establecidas, no cerró la hostelería, ni el comercio, Madrid ha vivído con normalidad pero con mascarillas.

De ser un problema de salud pública, donde lo importante parecía que era priorizar medidas para salvar vidas, proteger la salud y la seguridad de los ciudadanos, ha pasado a ser un tema político, de enfrentamiento entre el Gobierno de España y la Comunidad de Madrid, donde el Gobierno de España tiró la toalla y rehuyó el enfrentamiento. Isabel Díaz Ayuso, reprochó al Gobierno de España que cerrase Madrid «a punta de pistola», que decretaran el estado de alarma sin darles «otra opción».

Todo el mundo o casi, presagiaban un verdadero desastre, una situación preocupante con unas cifras de incidencia que estaban muy por encima de las consideradas seguras en Europa. Pero, parece que Díaz Ayuso ha acertado: los contagios están disminuyendo, aunque los bares, los restaurantes y los comercios estén llenos. Nadie lo entiende, pero los datos, por lo menos los que se ofrecen, así lo certifican. La ciencia no encuentra una explicación lógica para dicho descenso de contagios y es la comidilla en todos los medios: han conseguido no parar la economía y bajar la curva de contagios.

En el planteamiento de enfrentar la economía con la salud, ha ganado la economía por delante de la salud y la economía a las posibles muertes de los ciudadanos. Se ha preferido la apertura de la hostelería, del ocio nocturno y del comercio, a perder puestos de trabajo y cierres de empresas. Las medidas drásticas en otras Comunidades, no han reportado mejores cifras que en Madrid y casi siempre repercutiendo a la economía. No creo que sea un «milagro», porque yo no creo en ellos. El tiempo quitará o dará la razón a las partes, se sabrán o no, si las cifras son correctas; si es una cuestión de responsabilidad de los madrileños y madrileñas o es por acierto de Díaz Ayuso. Porque la suerte está descartada, mientras se siguen haciendo los test de antígenos, se quiere que se autorice a las farmacias a hacer dichos test, se buscará alguna «solución» para el puente de la Constitución y con el objetivo de «salvar la Navidad», después ya veremos si hay consecuencias negativas o no, de priorizar la economía a la salud.

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