Parece que estamos en tiempos de «postureo» en política, son tiempos de posturear, hacer o tomar formas de comportamiento y de pose, más por apariencias que por una verdadera convicción. Quizás es más fácil posturear que comenzar a tomar medidas políticas y sociales en los ayuntamientos o en las comunidades autónomas más importantes.

El postureo es usado sobre todo en el contexto de las redes sociales, se busca el feedback, el reconocimiento y la aprobación por parte de los demás. Solo esperan ser alagados y aplaudidos por cualquier cosa. Ahora, los políticos han comenzado a ponerlo de moda, lanzan una sugerencia y rápidamente las redes sociales, watsaps  y los medios de comunicación comienzan a crear «ruido» que tapa otros temas más importantes sin resolver.

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, hace retirar el busto de Juan Carlos I del salón de plenos del ayuntamiento porque “no se corresponde” con el del actual jefe del Estado y porque “hay una sobrerrepresentación de símbolos monárquicos”.

La alcaldesa de Madrid se comprometíó en su programa electoral a «garantizar la aplicación de la ley de memoria histórica, en especial en lo referente a la simbología y el callejero» y por dicha razón pretende cambiar el nombre de más de 150 calles de Madrid.

El alcalde de Cádiz, José María González Santos, Kichi, intentado impedir el desalojo de Antonio Moreno, enfermo y con una pensión por minusvalía, su mujer y su hija de 16 años, aunque sin éxito, participando con él miembros del nuevo gobierno municipal.

El postureo del alcalde de Valencia que va en bicicleta o la alcaldesa de Madrid o Barcelona que utilizan el transporte público. Los tres alcaldes gallegos de las mareas, de A Coruña, de Santiago y de Ferrol, que excusan su presencia en actos religiosos, abanderando la aconfesionalidad del Estado que propugna la Constitución española.

Quizás sean formas de postureo, pero son medidas también importantes para cambiar esta sociedad. A lo mejor son antisistemas, personas con ganas de rebelarse, de desobedecer, de oponerse con justicia a un modelo injusto. Pero, otro mundo es posible, el mundo actual está agotado y nuestra obligación entre todos es que sea más democrático, justo y humano. Ahora falta buscar soluciones entre todos.

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