«Estamos al borde de una pandemia de hambre», es la transcripción de las palabras de David Beasley, Director Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, el 21 de abril, el número de personas que se enfrentan a una inseguridad alimentaria aguda podría casi duplicarse este año, hasta alcanzar los 265 millones de personas, debido a las consecuencias económicas del COVID-19. El hambre podía matar a muchas más personas que el propio coronavirus Covid-19. Aunque, ahora nos debatiremos entre nuestros muertos y los demás, porque a lo mejor no nos sentiremos tan amenazados porque no será nuestra salud, ni nuestra vida, serán la de esas personas que no conocemos, que viven en países lejanos y que a la mayoría no les importa nada.

Personas que viven situaciones de fragilidad y emergencia humanitaria siempre, que son parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de buscan terminar con todas las formas de hambre y desnutrición para 2030. El Hambre Cero, parece que es parte de una ficción, de algo que no existe, porque no interesa ni a los Estados, ni a los gobernantes, ni a muchas personas. Los otros, son los que viven: en África, en Asia, en América Latina golpeados por la pobreza extrema, pero también ahora, en muchas ciudades de nuestros países desarrollados. La hambruna del 2020 será el doble en número de personas con respecto al año 2019. 

Mientras, las potencias económicas están más preocupados por el impacto de la pérdida de ingresos por el turismo, la caída de las bolsas, la recesión económica, el endeudamiento de los Estados y de los particulares, los gastos sociales. Hay otra parte que está preocupada por mantener su trabajo y tener los ingresos suficientes para hacer frente a sus necesidades. Pero, hay una parte del mundo en el que hay unos 130 millones de personas con hambre aguda este año y que con esta pandemia de hambre, se sumarán cerca de 135 millones más, por culpa del Covid-19. Sin olvidar las personas refugiadas o forzosamente desplazadas, 79 millones en el mundo según la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). La responsabilidad no es de un virus, es de la injusticia social que existe en nuestra sociedad.

A las personas nos gusta, a veces mirar para otro lado, cuando una cosa no nos agrada o simplemente cuando sentimos indiferencia. Vivimos en un mundo global, pero solo nos preocupa lo nuestro y lo más próximo, nos gusta mirar exclusivamente a nuestro ombligo, tenemos demasiados prejuicios entreverados en bellos discursos que hasta parecen éticos, pero nada más. Nos gusta repetir una y otra vez las cifras diarias y acumuladas de contagios, de muertes y de altas por el coronavirus, y nos dan igual las realidades diferentes a las nuestras. Tenemos un grado de responsabilidad con nosotros, pero también con los demás, podrían morir en esta pandemia de hambre 300.000 personas por día, durante un período que nadie conoce. Y, eso no depende de una vacuna. Es responsabilidad de todos los Estados, de cada uno de nosotros, de empatizar y ser más solidarios con esos otros, porque ellos son igual que nosotros.   

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