Estambul, la antigua Constantinopla y Bizancio, una ciudad situada entre dos mares, el Mar de Mármara y el Mar Negro; entre dos continentes, Europa y Asia; una ciudad que no te deja indiferente, demasiado oriental para ser europea y demasiado occidental para ser asiática. Capital de tres imperios: Romano, Bizantino y Otomano, donde puedes regatear en el Gran Bazar, visitar Santa Sofía, la Mezquita Azul y el Palacio Topkapi , recorrer el Bósforo en barco, comer kebabs y pizza turca, disfrutar de sus restaurantes y de su vida nocturna. Un buen sitio para pasar una nochevieja o cualquier momento.

Un terrorista entró ayer por la noche en el selecto club Reina, un conocido lugar de ocio de la alta sociedad de Estambul, ametralló y mató a personas inocentes, dejó el arma y abandonó el lugar durante el caos, causando al menos 39 muertos y 69 heridos, muy cerca del lugar en el que tenían lugar las celebraciones oficiales de Año Nuevo, a orillas del Bósforo. Un atentado terrorista que recuerda por su ejecución a los sufridos en la sala Bataclan de París o en la discoteca de Orlando.

El atentado de Nochevieja es el último de un año sangriento en Turquía, alrededor de 300 personas han muerto en distintos atentados cometidos por el autodenominado Estado Islámico (ISIS) o por el grupo armado Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), debido al agravamiento del conflicto kurdo y víctima de los combates en la vecina Siria.

La Policía había desplegado miles de policías en Estambul para prevenir atentados, pero no sirvió para nada. El terrorismo llega a cualquier sitio y en cualquier momento. Casi nueve de cada diez atentados perpetrados por organizaciones terroristas de corte islamista se produjeron en países de mayoría musulmana, donde el Islam es la religión mayoritaria. Por eso, mi repulsa contra el terrorismo, mi solidaridad con las victimas, familiares y con Turquía en definitiva. Porque nos tiene que doler igual un atentado en Europa que en un país árabe, porque los terroristas solo se representan a ellos mismos, no a los musulmanes ni al Islam y por supuesto no tienen justificación alguna.

Los terroristas buscan con sus actos, aparte de matar y hacer daño a inocentes, un acto de comunicación orientado a difundir el terror y hacernos sentir miedo. Nos podrán matar, pero nunca debemos cambiar nuestra libertad por el miedo. Hoy también soy turco…

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