No soy nacionalista, ni españolista ni catalanista. No creo en los idearios identitarios, primarios y dogmáticos. No me identifico con nacionalidades, ni banderas, ni himnos. Me considero ciudadano del mundo, no creo en la idea falaz de patria o nación, no creo en las fronteras humanas que separan ciudadanos que son iguales. Respeto las diferentes culturas, idiomas y costumbres de cada pueblo, entiendo que cada uno tenga arraigo y amor a lo suyo, pero nuestro universo afectivo no tiene que separarnos de nuestros vecinos por creernos diferentes. Las divisiones son las que crean abusos y confrontaciones, tópicos de rechazo y de odio.

No me gustan las palabras que acaban en «ismo» como: nacionalismo, capitalismo, comunismo, socialismo, nazismo, fascismo, anarquismo, cristianismo, liberalismo… El sufijo “-ismo”, significa dogma, como si excluyera a las demás propuestas, como si fueran la única explicación posible de la existencia de las cosas. Pretenden ser paradigmas para resolver problemas y son causantes de crearlos. No me gustan los «ismos» porque muchas veces aparecen personajes iluminados o predestinados, según ellos, para imponer a los demás algún «ismo».

Ser nacionalista, es amar a tu patria, amar su territorio, su gente, su cultura, banderas, himnos … Despreciando lo exterior, lo ajeno. Creyendo que es mejor lo tuyo que lo de los demás. Cuando el nacionalismo se convierte en ideología, en un orgullo desmedido, en sentimientos de superioridad, en prejuicios, en discriminación… El nacionalismo es un peligro, no soy nacionalista de derechas, ni de izquierdas, simplemente ciudadano del mundo.

La aspiración de alcanzar la independencia, por parte de una comunidad, pueblo o nación, en todos los órdenes : política, cultural, económica, etc., es respetable. Se entendió en el colonialismo pasado, en invasiones de naciones como Inglaterra, España, Portugal, Bélgica, Francia, Alemania, Italia, Rusia…, que se impusieron a los naturales de los lugares colonizados. Los únicos casos recientes para conseguir la independencia ha sido en 1995, cuando se realizó el segundo referéndum en la provincia de Quebec para preguntar a los votantes si deseaban separarse de Canadá. Y, el caso más reciente de Escocia, en 2014  que el no a la independencia (55,3%) se impuso al sí (44,7%). En los dos casos, los referéndums fueron legales y consensuados.

En España, parece que la barrera para hacer un referéndum, es la Constitución. Solo sería posible si, en un proceso constituyente, el pueblo soberano habilitase la posibilidad de fragmentar el Estado. Esa parece que es la única manera legal. Hacer un referéndum no consensuado o ilegal no es la solución. Pero, aunque yo no sea nacionalista, creo en la libertad de expresión y en el derecho a consultar la opinión de los catalanes. La solución debe encauzarse con política y no con tribunales…

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