El lenguaje universal de la música ha contribuido a lo largo de los tiempos a crear belleza a través del sonido, a comunicarnos, a expresar emociones, a ser cultura. Todos sin excepción conectamos con la música en alguna de sus manifestaciones, todas las culturas están vinculadas a una determinada música y en todos los momentos de nuestra vida tenemos una música que nos hace recordar. La música, se ha atrevido a lo largo de la historia a cuestionar esquemas y paradigmas sociales y políticos, por medio de sus composiciones y canciones, ha sido una forma, también, de defender los Derechos Humanos. 

El festival de la canción de Eurovisión, es un concurso televisivo de carácter anual, en el que participan intérpretes que representan televisiones europeas y de otros países, transmitido en todo el mundo y siendo el festival de la canción con mayor audiencia. Israel como ganadores de Eurovisión del año pasado, son los responsables de acoger este año el festival en TeI Aviv. Hasta este punto todo normal, sino fuera porque Israel es un país que vulnera los Derechos Humanos y que está empleando la publicidad de dicho festival para vender una imagen de un país demócrata en Oriente Medio y desviar la atención sobre sus crímenes contra el pueblo palestino y denunciar la impunidad de la ocupación.

Israel está utilizando Eurovisión para lavar su imagen, pero podría ser una buena oportunidad para que todos los países participantes hicieran un boicot a Eurovisión y pudiera ser una herramienta de presión para que Israel respetara los Derechos Humanos. No es mezclar la música con la política, es no legitimar a países que vulneran los Derechos Humanos y no ser cómplices de Israel, para que ponga fin a su régimen de ocupación, apartheid y negación de los derechos de las y los refugiados palestinos. 

La música como instrumento de un boicot a Eurovisión, podría servir para para dar visibilidad a la lucha palestina por la libertad y la justicia, para defender los derechos inalienables del pueblo palestino: su independencia y soberanía nacional, regresar a sus hogares y propiedades, de los cuales fueron desalojados, su libertad sin injerencias externas. Porque desde 1947, en que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 181, en la cual se estipulaba la creación de un «Estado judío» y un «Estado árabe» en Palestina, hasta el momento solo se ha creado uno: Israel y un pueblo oprimido el palestino. Demasiados intereses económicos no permitirán dicho boicot y la venda de la vergüenza seguirá sin caer…

Un comentario sobre “Música y Derechos Humanos.”

  1. Más de 200 millones de espectadores han podido ver este sábado la 64ª edición de Eurovisión, convertido en lo más comentado del día en las redes sociales. Eurovisión es más de lo que se emite por televisión: es pasión, es espectáculo, es vivir la música, es también una forma de nacionalismo encubierto. Un fenómeno global que sigue con los años, con gente de todos los sexos e incluso edades, que con programas como Operación Triunfo, han creado una nueva generación de eurofans que siguen los bodrios que se escuchan cada año en el festival.

    Unos eurofans conspiranoicos, que buscan explicaciones a los malos resultados de España, que lleva 50 años sin ganar, desde el triunfo de Salomé en 1969 y Massiel en el 1968. Donde se vive el festival como una defensa nacional del país, cuando solo es un representante de una gala especial del talent show Operación Triunfo y de una televisión pública española. Que al final se ha sumado a los desastres que se repiten año tras año.

    Eurofans que como la canción del representante español, Miki Núñez, tienen puesta «La venda» en los ojos y no les importa nada más que el festival. Que les preocupa más el resultado y el posible ridiculo de su país, que la sede en que se celebra. Que no les preocupa que Israel no respete la vida de millones de seres humanos y se niegue a devolver sus territorios usurpados a los palestinos. Que sigan los colonos ocupando territorios de Palestina construyendo asentamientos y muros.

    Eurovisión hubiera podido ser con su boicot por parte de los países participantes, una manera de visibilizar la dignidad del pueblo palestino y la defensa de sus derechos, que solo se recordó con la fugaz aparición de la bandera palestina de la mano de Madonna y luego durante las votaciones de la mano de los representantes de Islandia. Fue el único detalle en contra de la complicidad de las potencias europeas y el compromiso financiero y diplomático de Estados Unidos a favor de Israel. La venda no cayó…

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