límitesLa política cuando pierde sus límites se deslegitima a si misma. es difícil definir los límites de la política. Separar el ámbito de lo que está bien y de lo que no está bien, requiere casi siempre un análisis de las circunstancias que concurren en cada caso concreto. La dimisión de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, tras la publicación de un vídeo de 2011 en el que hurtaba dos cremas antiedad de un valor de 40 euros en un hipermercado ha traspasado todos los límites. Tenía que haber dimitido quizás por el caso Lezo, por el máster universitario que obtuvo de manera poco lícita, pero no por un vídeo que guardaron tramas mafiosas durante siete años, para hacer daño político y también personal.

No sabemos si Cifuentes era culpable, no sabemos si sus mentiras, sus chanchullos, su chulería eran motivos para dimitir. Desconozco si todo era una campaña de persecución y desprestigio por parte de la izquierda.  Ni siquiera puedo afirmar que haya sido fuego amigo y que algunas tramas mafiosas de su propio partido sean los responsables. Pero, la filtración claramente interesada de un vídeo de hace siete años probando el hurto de dos cremas ha terminado con la trayectoria política de Cifuentes y ha demostrado que hay una mafia soterrada que pretende hacer daño, mucho daño.

Poco importa el enfrentamiento entre la secretaria general del partido, Mª Dolores de Cospedal con la Vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, una por su solidaridad con Cifuentes y la otra por su indiferencia. También es normal, el apoyo de Mariano Rajoy con el evitar de hablar de ella. Lo que realmente es importante, son los límites de la ética y la política, para que la política no se convierta en un cubo de basura donde los políticos revolotean entre las heces. La política puede ofrecer mejores o peores resultados según sea, el acierto de las decisiones adoptadas, pero no puede tener los cuchillos afilados para apuñalar por detrás.

La decepción, que provoca en los ciudadanos estas tramas mafiosas, hace que se deje de confiar en la política y por supuesto en los políticos. Nos hace desconfiar de las promesas y de las expectativas de la política como herramienta de transformar y mejorar la sociedad como único objetivo. Todos estos sucesos de corrupción, de mafia en la política, crean desafección y un ascendente escepticismo de la sociedad hacia la importancia de la política en resolver problemas sociales. Los límites de la política, tienen que estar en la ética y dejar la obsesión del ciclo electoral, el medrar por un cargo y centrar el debate político en cuestiones como la calidad democrática, la transparencia y la participación.

Al ciudadano le preocupa la redistribución económica, el paro, la igualdad de derechos y las libertades personales, la sanidad, la educación, la dependencia… Pero, también nos interesa un conjunto de valores que tienen que ver con la ética, con los límites, con que «todo no vale»… Los  efectos perversos de todo esto, no puede hacernos olvidar que la política es una actividad que se ejerce por personas y como tal debe estar regida por unas normas, por unos límites éticos que la regulen.

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