El debate sobre quién tiene legitimidad para formar gobierno, la lista más votada o el pacto entre los partidos perdedores, la opinión va por bandos, el PP apoya la opción de la lista más votada y el resto de partidos parece que están con la idea de gobernar congregando una mayoría suficiente para hacerlo.
El presidente del Gobierno Mariano Rajoy ha acusado a Pedro Sánchez en la sesión de control de este miércoles en el Congreso de los Diputados, de haberse «saltado la voluntad democrática de los españoles» al pactar con fuerzas extremistas obviando que el Partido Popular ha sido el más votado,en referencia a sus acuerdos de investidura alcanzados en muchos ayuntamientos.
Los partidos políticos no han sido capaces de ponerse de acuerdo, pactar para gobernar y echar al PP del poder. El sistema de representación proporcional y el mayoritario son igualmente democráticos, pero los sistemas proporcionales tienden a generar sistemas más plurales mientras que los sistemas mayoritarios tienden a propiciar el bipartidismo y las mayorías absolutas. A lo mejor como dicen desde el PP todo será inestabilidad con los gobiernos de coalición, pero los ciudadanos han sido conscientes que su voto era para que no hubiera mayorías absolutas y que hubiera coaliciones de gobierno para sumar mayorías alternativas.
Pero, la legitimidad no solo se tiene cuando el PP cuenta con más escaños que la segunda fuerza política, no solo consiste en ser la fuerza más votada sino en que gobiernen los que representen con su voto al máximo número de votantes. Para eso hace falta consenso entre partidos.  
La ley electoral en España favorece el diálogo y el entendimiento entre partidos, la voluntad del diálogo, los pactos y el consenso quizás puedan ser ilegítimos, quizás puedan entenderse como un fraude comparados con la lista más votada, pero lo que está claro es que es legal y que tiene una gran ventaja: evita el abuso de poder, aumenta la transparencia y permite más controles por parte de los partidos. Yo prefiero los pactos, como ejercicio de democracia, aunque nos quieran meter miedo al caos. 

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