Ya no importa que el discurso sea políticamente incorrecto para triunfar en unas elecciones, no importa el tipo de electorado y que sean ricos, pobres, mayores, jóvenes o mujeres. Ya no importa que personajes machistas, racistas, homófobos y violentos como Trump, Putin, Orbán, Salvini o Jair Bolsonaro sean los que estén consiguiendo que la gente acabe votando a partidos populistas de extrema derecha. La izquierda ha perdido su oportunidad, demasiados errores frente a una extrema derecha que a temas complejos ofrece soluciones fáciles.

Brasil un país de grandes proporciones, un candidato ajeno a los partidos tradicionales, con un discurso políticamente incorrecto. Con desprecio a los negros, a los pobres, a los homosexuales, a los medios de comunicación, con unas probabilidades limitadas de llegar al poder, termina ganando con un 
55,1% de los electores, casi 58 millones de brasileños de una población total de 209 millones. Donde ha ganado el discurso de la inseguridad callejera, el no parecerse al régimen venezolano o pensar que la sociedad es mejor sin pobres, sin negros y sin homosexuales. 

No podemos decir que el 55,1% de los brasileños son nazis, racistas o homófobos, pero nos tenemos que plantear que no solo han votado las clases medias de derechas que también han votado gente de izquierdas a Jair Bolsonaro. Después de los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula da Silva y Dilma Rousseff entre 2002 y 2014, y el mandato de Miguel Temer, los brasileños han optado por el populismo de derechas. La izquierda no lo entiende, no es capaz de transmitir, de hacer un discurso ilusionante frente a un discurso incorrecto. Este fenómeno se está repitiendo en demasiados países.

Igual que el mismo Frente Nacional de Le Pen, en Francia, se nutre fuertemente de antiguos militantes del Partido Comunista francés, la extrema derecha está consiguiendo unos votantes que eran de izquierdas y que ahora votan a la extrema derecha. Estamos entregando la democracia y los Derechos Humanos al populismo de derechas: por los escándalos de corrupción, por los olvidados e indignados, por el cansancio y la búsqueda de la novedad, porque dicen lo que la gente quiere escuchar…

Cuando miremos las barbas de nuestros vecinos, comencemos a preocuparnos, porque en España nos puede pasar lo mismo, la ciudadanía  conservadora está esperando escuchar mensajes y discursos que les calen: familia, religión, unidad de la patria, migración, corrupción, violencia…  Y, la izquierda pierda votantes con sus discursos de igualdad, solidaridad, feminismo…, donde el viejo PSOE y el nuevo Podemos pierdan sus votantes entre la abstención y la aparición de partidos populistas de derechas. Al final España, tampoco será una excepción.

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