La provocación sirve para cuestionar ideas o actos, para agitar la conciencia y movilizar a las personas o simplemente para molestar. La provocación es una forma de no conformarse, de no resignarse a lo que está establecido o la que ya ha pasado. Es también, una forma de generar las condiciones para gritar, insultar, provocar y confundir, manipulando a la gente y llevarlos a unos ámbitos donde domine la pasión y la irracionalidad; atacando o ensuciando, menospreciando o banalizando a sus adversarios.

Hay diferentes formas de provocación: la de los políticos, la de la creatividad cultural, la de la Iglesia, la machista, la de un incendio, la que es una incitación para la comisión de un delito y la que busca solo el enfrentamiento personal sin valorar las posibles consecuencias. Eso me pareció el acto organizado, ayer domingo, por la plataforma de Ciudadanos, España Ciudadana que ha reunido en Altsasu (Navarra) a dirigentes y seguidores de Ciudadanos, Partido Popular y Vox en la defensa de los guardias civiles y sus parejas agredidos hace ya dos años en esta localidad. Los vecinos de Altsasu consideran que este acto es un «agravio» y lo único que quieren es que les dejen en paz. No ha pasado nada, pero hubiera podido prender la mecha, sino hubiera sido por el despliegue policial.

No es que España Ciudadana no pueda reunirse donde quiera, pero es lo mismo que hacer un fuego en un bosque, el día que el índice de riesgo de incendio forestal es más elevado. Estos políticos ambiciosos, que conciben la política como un juego de poder, que acaparan todo y que quieren ganar a su rival como sea, todo les vale para ganar votos. Además, estos pirómanos se acompañan de una masa de fervientes de las tres derechas: Ciudadanos, Partido Popular y Vox, que convierten en enemigos, a todos los que piensan diferente a ellos. No se puede confiar ni esperar soluciones, por parte de políticos que fomentan el odio, la división y el enfrentamiento. 

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