Hoy 20-N, existe aún nostalgia del franquismo en una parte de la sociedad española. Después de 46 años de la muerte del dictador Francisco Franco y 85 años del fusilamiento del fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera, juzgado por conspiración y rebelión militar contra el Gobierno de la Segunda República. Se siguen haciendo manifestaciones y misas en recuerdo de un dictador y del fundador de un movimiento político de carácter fascista. Parece que quieren poner de moda de nuevo el fascismo, apelando a las esencias del pueblo español más populista, en un antidemocratismo radical y en una nostalgia por el pasado. Creyendo que la democracia es la culpable de la debilitación de la verdadera esencia española y de los valores patrios que ellos defienden.

Lo llamo nostalgia, por no llamarlo peligro o amenaza fascista, que 1.000 falangistas la noche del viernes, víspera del 20-N, hicieran una manifestación en Madrid, con bengalas rojas y con simbología fascista e inconstitucional. Aparte, de otras manifestaciones por la unidad de España, en honor a Cristo Rey, por los caídos por la Patria, en apoyo tanto a Franco como a José Antonio Primo de Rivera, en el Valle de los Caídos, el cementerio de Mingorrubio o otros lugares de Madrid y en el resto de España. Convirtiendo dichas celebraciones, en un “acto europeo”, con la presencia de ultraderechistas del resto de Europa, para homenajear tanto la muerte de Primo de Rivera, como la de Franco. Sin olvidar la infinidad de misas, que con el pretexto de rezar por sus difuntos y olvidando las leyes de memoria histórica, la Iglesia Católica brinda sus templos para rezar por el «alma» de un dictador como Franco o José Antonio, siendo actos de revanchismo, nostalgia y exaltación del franquismo y del fascismo. Es lamentable que todos estos actos gocen de total impunidad, complicidad y silencio por parte de las autoridades, tanto civiles como religiosas.

La ultraderecha ha vuelto a hacer una demostración de fuerza, lanzando proclamas fascistas y en contra de la Ley de Memoria Democrática. Quizás no sean demasiados, pero dan miedo. Personas hambrientas del pasado, de una justicia y de un patriotismo muy peligroso, con un claro odio y revanchismo, intentando tergiversar y cambiar la historia que no les gusta. Una democracia no puede permitir las apologías de las dictaduras y del fascismo. Mientras que en Italia y Alemania hacer el saludo fascista es un delito, en España se permite. No se puede admitir el escuchar la canción falangista del «Cara al sol», ni ver banderas preconstitucionales y la exhibición de símbolos falangistas y nazis, con la amenaza de «que en España empieza a amanecer».

Y, no sé si se puede hablar de nostalgia o de despropósito que Pablo Casado asistiera «por error» a una misa por «el alma de Franco y todos los Caídos por Dios y Por España», en la Iglesia del Sagrario, anexa a la catedral granadina. Según, miembros del equipo del líder del PP, Casado acudió con su familia a dicha misa, ante la proximidad de su hotel y la imposibilidad de asistir el domingo a la eucaristía por encontrarse participando en el congreso del Partido Popular en Andalucía. ¿No se dió cuenta de que era una misa franquista el señor Casado? Si las encuestas no se equivocan, el futuro presidente del Gobierno de España, puede tener como una de sus costumbres homenajear a un dictador. No me digan, que no asusta tantos franquistas y fascistas con «banderas victoriosas«…

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