La celebración de elecciones primarias en los partidos políticos, excepto en el PP, ha significado una novedad curiosa: romper con la disciplina férrea que los partidos imponen a sus militantes y hacer más transparente y democrático el proceso de elección de candidatos. Las primarias es impulsar el cambio mediante el protagonismo ciudadano, es escoger a los candidatos mediante un proceso abierto, en la que puedan participar el espectro más amplio de personas, seleccionados y ordenados según la preferencia de los que voten.

Unas primarias se deberían caracterizar, por ser un procedimiento de competencia entre candidatos y posiciones distintas dentro de cada partido. Es la competencia, la diferencia de posiciones lo que realmente debería enriquecer un proceso de primarias. Aunque, ningún partido desea demasiada rivalidad entre candidatos, porque tener ideas muy diferentes entre candidatos dentro de un partido, significa perder posibilidades en unas elecciones generales. Se busca la ambigüedad programática en los candidatos.

A falta de diferencias ideológicas de los candidatos, los electores de unas primarias se dejan llevar por la capacidad de liderazgo de cada candidato y su supuesta habilidad para vencer al candidato del partido contrario. En España las elecciones primarias en los partidos políticos que han celebrado este proceso sólo se presenta un candidato. El PSOE y Ciudadanos, proclamaron a Pedro Sánchez y a Albert Rivera sin necesidad de primarias por falta de candidatos. En Podemos, las primarias para las elecciones generales han asegurado el triunfo de Pablo Iglesias, con solo un 12 % de los inscritos que han votado en las primarias, garantizando a la cúpula el control absoluto de las listas.

Las primarias se postulan como un mecanismo para democratizar el partido, pero al final en unas primarias, el voto útil consiste en votar como todos los demás para escoger el candidato con más posibilidades de ganar las elecciones generales. La otra opción es el dedo, elegir a sus candidatos mediante la designación directa desde la cúpula del partido, como hace el PP. Los partidos políticos si quieren ser democráticos, deben fomentar que sus miembros tengan un papel activo en la toma de decisiones. Cuanta más gente participe, más democrática será su organización interna. La participación no debe ceñirse a la selección de los dirigentes, sino también a las labores programáticas y de definición ideológica del partido. Las primarias como la democracia son el sistema menos malo para escoger los candidatos, pero lo que no puede ser es que con dedo o con primarias siempre salgan los mismos.

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