Aunque la corrupción debería de ser algo incompatible con la función política y mucho más cuando se tiene una ideología de izquierdas. Siempre existen esas «amistades peligrosas», que se convierten en corruptores y los corruptos que se dejan convencer. Donde ninguna fe política, debería disculpar ninguna acción desonesta, ni la acción de la justicia.
Dice la Biblia en Hebreos 11.1: «La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven» Por lo tanto, la fe es la certeza de las cosas que se esperan y que no se conocen.
La fe tiene una esencia religiosa. Pero, en la vida en general y en la política en particular, tener la convicción inquebrantable en las personas y sus decisiones, no puede ser una cuestión de fe. Sino basado en evidencias y pruebas.
Por eso, es tan complicado «poner las manos en el fuego» por otra persona. Para indicar que tenemos plena confianza en su integridad y respondemos de su honradez. La prueba del fuego consistía en que si el acusado salía indemne de la prueba significaba que Dios le consideraba inocente. Si la cuestión de fe, es ya complicada en la religión, más aún, cuando hablamos de fe política.
Todos los partidos políticos han pasado por momentos, en que se ha cuestionado la inocencia de algunos de sus miembros. Y, como respuesta siempre hay una defensa ciega, que después se convierte en un arma de doble filo. La relación de la fe en la justicia y la política, no se puede confundir con creer a «pies juntillas» en nadie. Hace falta evidencias y pruebas.
El PSOE, ha tenido muestras de fe política a lo largo del tiempo, con Juan Guerra, hermano del vicepresidente Alfonso Guerra; el director general de la Guardia Civil Luis Roldán; el caso de los Ere en Andalucía. O los casos más recientes de Ábalos, Koldo, Santos Cerdán o Rodríguez Zapatero.
Tenemos demasiadas decepciones, de personas que su realidad no ha coincidido con las expectativas depositadas en ellos. La izquierda debe demostrar su laicidad respecto a una fe política que puede dañar su credibilidad política. Una cosa es anteponer la presunción de inocencia y otra muy diferente, es intentar hacerlo inocente por su trayectoria política.
El PSOE tiene la obligación de dar explicaciones, de total transparencia, de seguir haciendo política. La inocencia o culpabilidad de Rodríguez Zapatero será una cuestión judicial de años. La izquierda no puede hipotecar su credibilidad y su futuro, por una cuestión de fe política.
El futuro del país, está en reaccionar, salir de la parálisis y convencer a esa ciudadanía progresista que vuelvan a confiar. No por fe, sino por obras. Si unos llaman «a hacer», las izquierdas tendrán que votar para poderlo remediar.
