Una cosa es la «idea de política» y otra muy diferente «el hecho de la política». El verdadero ideal de la política, entendido como sublimación o idealización, radica en su capacidad para transformar la sociedad y mejorar la vida de las personas. Pero, muchas veces la política utiliza a veces la «ingeniería de la mierda», de la mentira y de la corrupción.
La política deja de ser un ideal y comienza a estar mermada de sus principales e imprescindibles atributos. La realidad y la política comienzan a transitar por caminos diferentes. Las cosas no son como tienen que ser, aunque a veces pueda parecerlo. Aparecen síntomas en la política que desacreditan la autoridad de cualquier político que se precie.
La política está mediatizada socialmente, el tipo de estímulos que despierta, el tipo de actitud que adopta la ciudadanía. La convierte en un espectáculo, en un producto de consumo o simplemente en una cuestión de intereses. Donde se olvida el bien común.
Nos engañan determinados políticos, que no dicen la verdad, que no piensan hacer un mundo mejor, ni mejorar la vida de las personas. Pero, eso no significa que todos los políticos sean iguales. Que todos sean corruptos y mentirosos. La ética existe, porque sin ética no hay políticos, ni política decente.
Pero, al igual que las redes de alcantarillado que están en el subsuelo de nuestras ciudades, la política utiliza la ingeniería de la mierda, dónde van a parar todos sus desechos. Esos desperdicios que pueden descomponerse en poco tiempo y que es necesario limpiarlos.
La diferencia con las redes de alcantarillado, es que las aguas residuales de los hogares, comercios e industrias se transportan hasta plantas de tratamiento donde reciben un proceso que evita la contaminación del medio ambiente y protege la salud de la población. Mientras la ingeniería de la mierda en la política española, pretende «limpiar» pero no lo consigue. Solo contamina y ataca la salud de la democracia.
Lo único que consiguen es hacer pozos ciegos o cámaras sépticas para tapar sus errores o ambiciones. Y, cuando cuentan con una red cloacal, simplemente expanden más la corrupción y la mentira. Convirtiendo todo en un oscuro, complicado y maloliente escenario, que casi siempre es descubierto. Sea por error propio, por acierto de la justicia o del adversario.
La política no consigue que las aguas residuales sean adecuadamente tratadas antes de ser devueltas al medio ambiente. Las personas de mi generación hemos comprobado que la ingeniería de la mierda en la política española, ha existido en la dictadura franquista y en la democracia. En las cloacas del Estado y también en los partidos políticos: el Partido Popular y el PSOE.
La ingeniería de la mierda en la política española, nos sacude casos del PSOE: el caso Koldo, la mujer y el hermano de Pedro Sánchez, el fiscal general del Estado, la imputación de Rodríguez Zapatero, Santos Cerdán y la fontanera Leire Díez.
Mientras en el PP, se está enjuiciando el «caso kitchen» con el ex ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. El mismo que supuestamente intentó neutralizar el desafío independentista demostrando falsamente que eran unos corruptos. La misma persona que supuestamente creó la brigada política para buscar trapos sucios de los adversarios políticos del Gobierno y del tesorero del PP Luis Bárcenas.
De la gestión de corrupción, de mentiras y de ingeniería de la mierda, no podemos aceptar lecciones de ninguno, ni del PP, ni del PSOE. Por eso, cuesta tanto que los socios de investidura de Pedro Sánchez, apoyen una moción de censura. Nadie se fía de un Partido Popular corrupto y con Vox. Y, el convocar unas elecciones anticipadas, de momento pueden esperar. Más vale malo conocido, que…
