Ayer «Marcha por la dignidad» en Madrid, que más parecía una marcha por la indignidad. Está claro que el derecho a la manifestación, es un derecho constitucional. Que las derechas aprovechan para mostrar su descontento, pedir nuevas elecciones y la dimisión de Pedro Sánchez.
Unas 120 mil personas, según los organizadores, 40 mil según fuentes oficiales, reclamaban un adelanto electoral. Donde intentaron llegar hasta el Palacio de la Moncloa, para pedir la renuncia del presidente del Gobierno Pedro Sánchez.
Fueron retenidos los manifestantes por las fuerzas policiales, delante del Arco de la Victoria de Madrid, esa puerta que el dictador Francisco Franco mandó construir para celebrar su triunfo en la Guerra Civil Española. Donde muchos pensaban representar un «nuevo alzamiento nacional».
El problema no es el hecho de la manifestación, sino la parte de la derecha que representan. Los que están en contra de la «España sanchista» representan toda la indignidad de una derecha fascista, racista y que añora tiempos pretéritos.
La ciudadanía española que puede considerarse moderada, que puede estar en contra del «sanchismo». No puede sentirse representada por muchas voces de este tipo de manifestaciones. La derecha que aspira a gobernar da miedo.
Los que hablan de «prioridad nacional» establecen el «echar a Sánchez» como principal prioridad. Acompañados de la derecha más a la derecha del PP. La derecha más extrema y más rancia.
La misma derecha que dice estar en contra de la corrupción, es la que demuestra su indignidad con la presencia del comisionista Víctor de Aldama, juzgado por el «caso mascarillas», imputado en el «caso Koldo» y con relaciones con el «caso Plus Ultra».
Indignidad por los gritos racistas y homófobos. Por las banderas preconstitucionales y fascistas. Los que acudieron no respetan el mandato electoral y reclaman otro para conseguir el triunfo y poder echar a Pedro Sánchez. La democracia supone respetar unos tiempos y mandatos. Que no se pueden cambiar en las calles.
Las derechas no pueden aspirar a cambiar la «corrupción sanchista» con estos mimbres. Con intransigencia, con polarización y populismo. Incluso con odio y violencia. No podemos cambiar de lo malo a peor.
Las derechas dan miedo, la polarización está alcanzado un nivel casi irrespirable. La izquierda sigue inmersa en la inacción y rodeada de escándalos de presunta corrupción. El descontento de la ciudadanía solo lo recoge la derecha radical y son los que están imponiendo las ideología a la derecha tradicional. Y, eso cada vez se nota más, en la calle, en los discursos, en los medios y redes sociales.
Las ideas se expresan, se defienden, se arguyen. Necesitamos una sociedad plenamente abierta que incluya todas las críticas y todas las propuestas. Pero, sin alejarse del respeto a la dignidad para todas y todos. Pedir elecciones, la dimisión de Pedro Sánchez o acabar con la corrupción no debería de ser una forma para expresar toda la indignidad de la derecha española.
