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Sin corruptor no hay corrupción.

No hay corrupción sin corruptor. Porque no hay corrupto sin corruptor, la corrupción necesita de ambos para materializarse.  Podemos hablar de Ábalos y Koldo, pero no debemos olvidarnos de Aldama. Y, de tantos como él, que alimentan la corrupción.

El juicio del caso mascarillas ha quedado visto para sentencia. Tras las declaraciones del exministro de Transportes José Luis Ábalos, de Koldo García y de los abogados defensores. Donde Víctor de Aldama, como declaró el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Balas, responsable de la Unidad de Delitos Económicos de la UCO:  «el que paga manda» aunque sin Ábalos «no habría sido posible» la corrupción.

No se puede disculpar a Ábalos y a Koldo, porque los dos son dos supuestos corruptos que accedieron a todas las exigencias de Aldama. En sus declaraciones tanto Ábalos como Koldo García han vuelto a defenderse acusando a Víctor de mentir y de querer dañarles. Pero, tanto corruptos como el corruptor han hecho posible la corrupción.
La fiscalía mantiene  7 años de cárcel para Víctor de Aldama. Pero en su informe final el fiscal jefe Anticorrupción, Alejandro Luzón, ha defendido que la aportación del comisionista ha sido lo bastante “relevante” como para merecer una rebaja mayor. Como pide la acusación popular liderada por el Partido Popular. 
Eso significa que la Fiscalía Anticorrupción ratifica 24 años de cárcel para el exministro José Luis Ábalos, 19 años y medio para su exasesor Koldo García, y 7 años de cárcel para el presunto corruptor  Víctor de Aldama. Si se añade la rebaja por confesión «muy cualificada» por colaborar con la Justicia. Supondría que Aldama no entraría en prisión. 
Quizás todos somos susceptibles de caer en la corrupción, todos podemos caer en la tentación del corruptor. Lo cuenta hasta la religión cristiana, donde Adán y Eva en el Jardín del Edén desobedecieron a Dios, comiendo del fruto prohibido, incitados por la serpiente, que era en este caso el corruptor. Este pecado no es un simple error o un accidente, es una norma que se saltan.  
El ser humano sostiene de manera estable su lucha contra la tentación, contra el demonio. Contra los valores más elevados, más morales y éticos del ser humano que se comprometen con las conductas más deplorables. Donde el corruptor, sus autores, cómplices o colaboradores son igual de culpables. Y, donde todos salen beneficiados económicamente. Donde solo falta control.
Está el principio básico de que colaborar con la Justicia tiene consecuencias jurídicas favorables. Pero, cuesta creer, que cuando se sepamos la sentencia, puede ser que el presunto corruptor pueda «irse de rositas, mientras los dos corruptores ingresen en prisión. Como siempre cuando se habla de justicia: respeto absoluto.  

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