El crucero MV Hondius procedente de Argentina y con alrededor de 150 personas. Ha tenido seis afectados y tres fallecidos, por una enfermedad respiratoria que se llama Hantavirus. Un virus que pueden causar enfermedades graves y la muerte, que se propaga a través de roedores.
La probabilidad de contagio y el riesgo de pandemia es muy improbable debido al modo de transmisión del virus. Así lo explican los expertos. Pero, lo que está claro, es que en la actualidad no existe tratamiento para combatir efectivamente este virus, sólo para tratar sus síntomas.
El Hantavirus no tiene nada que ver con el Covid-19. Que después de más de seis años, se ha convertido en un virus respiratorio más, sin un patrón predecible. Gracias a las vacunas y a la inmunidad adquirida.
Todos hemos recordado la pandemia del COVID-19, cuando se ha colado en las noticias la palabra Hantavirus. El 31 de enero de 2020 se confirmaba el primer caso de un turista alemán en La Gomera. Lo que parecía un caso aislado, se convirtió en una pandemia. En pocas semanas, el Sistema de Salud estaba desbordado.
El 14 de marzo de 2020, el Gobierno español decretó el estado de alarma e impuso el confinamiento nacional. Supimos lo que era el aislamiento, las restricciones de movilidad, la incertidumbre, las mascarillas, el gel hidroalcohólico… Y, sobre todo la incertidumbre, la falta de medios, el desconocimiento e incluso la falta de información.
El 21 de junio, terminó el primer estado de alarma. Pero, llegó la segunda ola de la pandemia, con un aumento de la incidencias y la presión hospitalaria. El 25 de octubre, el Gobierno decretó un nuevo estado de alarma, que, a los quince días, se prorrogó hasta el 9 de mayo de 2021. Y, que terminó oficialmente el 5 de julio de 2023.
España estaba con toques de queda nocturnos y cierres perimetrales. Nos acostumbramos a palabras como confinamiento, cuarentena, pandemia, resiliencia… A las ocho de la tarde, los aplausos a los sanitarios, que después se olvidaron.
La sociedad se dividió entre los negacionistas, que mostraban su incredulidad y sus interpretaciones políticas. Y, los que confiaron en la ciencia. Los que apoyaban la ingesta de lejía, desaconsejaban las medidas preventivas y las vacunas, como Trump.
O, los que confiamos en la ciencia e hicimos lo que nos mandaban. Donde las vacunas fueron el inicio del fin de la pandemia. Con un balance social, económico y anímico. Más de 120.000 fallecidos en España y más de 7 millones en todo el mundo. Aparte, de todos los que acabaron con síntomas incapacitantes.
España tiene el deber de cooperar en materia de salud pública, de acuerdo a lo establecido en el Reglamento Sanitario internacional de la OMS. Es una cuestión de solidaridad, no solo con los 14 viajeros españoles, sino con todas las personas de a bordo.
España es por cercanía y por capacidad para poder gestionar un procedimiento de actuación contra este brote de Hantavirus. Las comparaciones siempre son odiosas, no podemos ser insolidarios, ni pensar que Cabo Verde o Marruecos se han negado a cooperar.
Que países como Estados Unidos o Argentina no estén en la Organización Mundial de la Salud (OMS). Debido, según ellos, a los supuestos fallos en la gestión de la pandemia de COVID-19 originada en Wuhan, China. No significa que España, deba abandonar a 150 personas en el mar. Ni se utilice como siempre, como ataque de la oposición al Gobierno de España. Simplemente es una cuestión humanitaria. De solidaridad, sin olvidar la precaución.
