Muchos nos acordamos de aquella frase de Rosa Luxemburgo , «Socialismo o barbarie”, que escribió en 1915, exponiendo la idea de que el mundo se encontraba frente a la elección entre la victoria del socialismo o el fin de la civilización.
Dicha afirmación de Rosa Luxemburgo, de «socialismo o barbarie», no impidió a lo largo del siglo XX, el fracaso del socialismo y el triunfo del capitalismo. El neoliberalismo se ha adueñado de todas las sociedades modernas. Llevándonos a todos a la «barbarie» del individualismo, del egoísmo, del consumismo y del hedonismo…
Actualmente la sociedad capitalista no se plantea el avance al socialismo, prefiere progresar hacia un neoliberalismo cada vez más salvaje. Frente a un socialismo que ha fracasado en el desarrollo y progreso económico. Y, que ha perdido el camino hacia el Estado de bienestar.
Se añoran las manifestaciones obreras del 1 de mayo. Las reivindicaciones sociales, las banderas rojas y los gritos de «socialismo o barbarie». Que se podría traducir como: «Socialismo o neoliberalismo». «Socialismo o derecha». «Igualdad o desigualdad». «Servicios públicos o privados». «Solidaridad o racismo». «Paz o guerra».
Porque con todos los supuestos defectos del socialismo, el neoliberalismo también los tiene. Frente al monopolio del Estado se instauró la competencia privada, que supuestamente nos conduciría a un mayor crecimiento salarial y a un mayor dinamismo económico. Pero, nadie habló de la desigualdad. Del enriquecimiento de unos pocos a costa de una inmensa mayoría.
Entre la derecha conservadora y los neoliberales de izquierda, trataron de hacer frente a las crisis económicas. La economía de mercado se asoció con el neoliberalismo de izquierda, creando más crecimiento y prosperidad. Pero, con más desigualdad y más precariedad.
Los efectos positivos del neoliberalismo solo fueron para unos pocos. La tasa de crecimiento de la economía y el crecimiento de la productividad bajó tanto, que se buscó en la globalización una solución para expandirlo y evitar la propagación del socialismo.
La globalización actuó como el mecanismo que permitió la libre circulación de capitales, la privatización y la desregulación a escala mundial. Lo que favoreció la consolidación de las multinacionales y su influencia sobre los Estados nacionales. Las multinacionales se convirtieron en los dueños de este mundo.
Las multinacionales solo piensan en el beneficio del capital privado. No les preocupa los problemas sociales o económicos derivados de la desigualdad. Las multinacionales fomentan el consumismo para tener una ciudadanía dependiente, incluso a nivel político. Y, aumentar sus beneficios.
Progresivamente ha ido aumentando la derechización de la sociedad, con el uso de incentivos de la sociedad de mercado. El socialismo no convence con el Estado de bienestar y sus políticas de igualdad. La sociedad ya no tiene ganas de luchar y de cambio.
Una sociedad con personas mayores que tuvieron ideales progresistas e igualitarios. Pero, que se han aburguesado y moldeado con el neoliberalismo.
Y, después quedan las personas más jóvenes. Que están sufriendo un estancamiento en su futuro, en su situación económica. Serán las primeras generaciones que vivirán peor que sus padres. Pero, aún así, muchos de ellos, prefieren confiar en la extrema derecha.
Ni los mayores, ni los jóvenes están convencidos de que el socialismo, pueda ser una solución para mejorar económicamente. Y, mucho menos, para mejorar políticamente. Porque los jóvenes solo han conocido la democracia. Y, las personas mayores han llegado al hartazgo de la política tradicional.
Quizás no esté todo perdido. Y, vuelva la conciencia de clase en contra de la barbarie del neocapitalismo. Se siga denunciando la precariedad laboral, el empobrecimiento de la clase trabajadora y la siniestralidad en el tajo. Se grite alto y fuerte, por el derecho a la vivienda. En contra de los discursos reaccionarios y racistas. A favor de la paz y en contra del aumento del gasto militar.
