En España siempre ha existido una gran desigualdad en la distribución de ingresos, lo que ha generado una pobreza recurrente, que persiste en el tiempo y hace que nuestro país sea más vulnerable ante posibles crisis.
«España va como una moto» una frase que dijo Pedro Sánchez, donde siempre se hace referencias continuas a lo bien que va la economía de nuestro país. Mostrando un crecimiento más sólido y continuo en comparación con los principales socios europeos.
Pero, la realidad es que existe una «España de dos velocidades», una desigualdad entre los sueldos más altos y los más bajos. Donde el salario «extremo» de unos pocos contrasta con una base laboral mayoritariamente «precaria y feminizada».
La pobreza en España se ha vuelto cada vez más crónica en una parte de la población, con ciclos inestables debido a la precariedad y estacionalidad de los contratos, con períodos de desempleo. Donde las unidades familiares alternan entre períodos sobre la línea de pobreza y recaídas por debajo de ella.
Justo después de la crisis habitacional y muy por delante de otras lacras como el desempleo. La pobreza recurrente está ligada a inestabilidad laboral, a ingresos estacionales. Pero también, según el sindicato de los técnicos de Hacienda, Gestha, el 37 % de la población cobraron en 2024 menos del Salario Mínimo Interprofesional (SMI).
Las mujeres representan el 55% de los trabajadores con rentas más bajas. Cobrando el 42,9% de las ocupadas menos que el SMI, frente al 31,7% de los hombres. Que por comunidades, Andalucía y Extremadura tienen los peores salarios. En Andalucía el 46,9% y en Extremadura el 46.8% de los trabajadores, cobraron en 2024 por debajo del SMI.
Por otro lado, Madrid y Catalunya presentan los porcentajes menores por debajo del SMI, con un 30,4% y un 32,2% respectivamente. Y, también, en el otro lado de la balanza, el 1% de los cargos ejecutivos mejor pagados aumentó su sueldo un 72% en dos décadas, mientras que para el 0,01% de altos directivos el incremento se disparó hasta el 291,5%.
Hoy 1 de mayo, los trabajadores y trabajadoras tienen que seguir luchando, Para que no siga aumentando la desigualdad, la pobreza recurrente y el deterioro de los servicios públicos. Donde hace falta más empleo, reducir la temporalidad y subir salarios. Un país con problemas de vivienda, tanto en su adquisición como en alquiler.
Y, todo esto con una izquierda que no es capaz de reaccionar con las posiciones de la derecha y la extrema derecha. Donde el sindicalismo, tiene un papel cada vez menos combativo, que no puede limitarse a la escenificación del primero de mayo. La defensa de las trabajadoras y de los trabajadores, es la defensa contra la desigualdad y la pobreza.
El sindicalismo debe alejarse de la equidistancia y de la comodidad. Hay que luchar, hay que movilizar a las trabajadoras y trabajadores. Hay que volver al sindicalismo combativo como fuerza transformadora de la sociedad. No podemos caer en la trampa de la extrema derecha, que nos arrebatará los derechos conseguidos, la libertad y la democracia.
