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Adaptar la socialdemocracia a los nuevos tiempos.

El progresismo mundial se reúne en la cumbre Global Progressive Mobilisation (GPM) de Barcelona, los días 17 y 18. Donde las ideas progresistas unen a personas que están a la izquierda, ya sea social o económicamente y que normalmente coinciden con la socialdemocracia.

Aunque el término «progresista» cada vez significa menos. Porque se compara con posiciones cada vez más conservadoras y radicales. Si comparamos a Trump con Joe Biden o Kamala Harris, diremos que son progresistas. Pero, realmente no lo son, simplemente son igual de conservadores, pero menos radicales que Trump.

El progresismo incluye a personas desde centro-izquierda a socialistas. Donde las ideas progresistas a veces coinciden con la socialdemocracia e incluso se solapan. Pero, puede haber progresistas a la derecha de la socialdemocracia y grupos también progresistas, más a la izquierda de la socialdemocracia.

Lo que está claro es que progresistas y socialdemócratas aspiran a convencer a una determinada clase media. Después hay otros grupos a la izquierda del progresismo, que los podemos enclavar como socialistas, comunistas o verdes, que aspiran a ser más progresistas, más de izquierdas.

La socialdemocracia nació en Europa en el contexto del socialismo, como solución a unas democracias capitalistas, buscando soluciones económicas más liberales. Entre los años 1990 y 1991, la URSS  sufrió un rápido proceso de descomposición y desapareció. Conjuntamente con el resto de países del bloque soviético en Europa del Este.

Se comenzó a marginar el socialismo y el comunismo, se buscó en la socialdemocracia para representar a la nueva izquierda. Se quería  construir sociedades más libres, más justas y más solidarias. En definitiva, conjugar el socialismo con la libertad y el capitalismo. A finales del siglo XX la mayoría de países europeos estaban gobernados por dirigentes socialdemócratas.

Donde se desvincularon del marxismo, aceptando el capitalismo como forma de progresismo. Por ejemplo, el PSOE abandonó formalmente el marxismo en el Congreso Extraordinario de septiembre de 1979, impulsado por Felipe González para convertirlo en una fuerza socialdemócrata moderna.

Nos vendieron en su declaración de principios: el Estado de bienestar, para redistribuir la riqueza y garantizar servicios básicos como la salud, educación, subsidios, pensiones… Para intentar reducir la desigualdad y mejorar las condiciones socioeconómicas de la población. Se hablaba de progreso, solidaridad, empleo, futuro sostenible del planeta. Y, más adelante defendiendo el feminismo y los derechos de los inmigrantes.

La socialdemocracia perdió la autocrítica y permitió la complacencia con la derecha económica, con los empresarios, lo que supuso la precariedad de las condiciones laborales de los trabajadores. Y, el desmantelamiento de las empresas públicas facilitando su compra. La socialdemocracia ya no tenía ningún parecido con el socialismo.

El desencanto se extendió en los votantes socialdemócratas, donde sus derechos se fueron recortando y facilitando los intereses de las entidades financieras y de los empresarios. Vinieron crisis económicas, recortes, pandemia… Hasta, que los gobiernos socialdemócratas, prácticamente han ido desapareciendo.

La socialdemocracia ha querido defender a banqueros y grandes empresarios, queriendo además defender los intereses de los más necesitados. Y, «soplar y sorber, no puede ser». Es donde, les ha ganado la derecha y la ultraderecha con sus propuestas conservadoras. En temas que la izquierda ha sido impotente y no ha sabido solucionar.

En la cumbre Global Progressive Mobilisation, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha reunido a líderes políticos como Lula da Silva, Gustavo Petro, Claudia Sheinbaum, Antonio Costa, Gabriel Boric y diversas organizaciones sociales para adaptar la socialdemocracia a los nuevos tiempos y en defensa de la democracia.

Quizás sea tarde, para acabar con la polarización política, la expansión de la extrema derecha, el desgaste de la socialdemocracia, el discurso político y el desencanto de la ciudadanía por la política tradicional y por los políticos. Pero, es necesario seguir intentando que el progresismo y la socialdemocracia sea capaz de dar respuestas a una ciudadanía que han olvidado.

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