Durante siglos, la religión católica en España ha sido protagonista de cruzadas, inquisiciones y evangelización en medio mundo. España durante siglos ha sido de religión católica. Durante la Segunda República Manuel Azaña afirmó en 1931, que España había dejado de ser católica. Pero, volvió a serlo bajo el concepto del nacionalcatolicismo durante cuarenta años. La dictadura franquista encontró la legitimidad teocrática y la Iglesia ofreció el respaldó ideológicamente al régimen. Aparte de convertirse en la herramienta de control absoluto sobre la moral pública y la educación.
En España hablar de religión católica, supone hablar de costumbres, de procesiones, de romerías, de santoral, de Semana Santa o de Navidad. La Iglesia está presente en la educación concertada, en el ejército y además tenemos una monarquía católica. La Iglesia católica está presente en sus monumentos e iglesias.
En España, la relación entre la Iglesia y el Estado se fundamenta en los Acuerdos de 1979 con la Santa Sede. La religión católica y su Iglesia, tiene ventajas fiscales, como la exención del Impuesto sobre Bienes Inmuebles, tiene asignación tributaria mediante la Declaración de la Renta. Además, la Iglesia aprovechó la reforma de la Ley Hipotecaria aprobada por el Gobierno de José María Aznar en 1996 para inscribir a su nombre bienes inmuebles en toda España.
Pero, a pesar de todo esto España no es católica, porque lo dice nuestra Constitución Española. Somos un país aconfesional, es decir no hay ninguna religión oficial, eso permite la cooperación y el sostenimiento económico de las mismas. Hubiéramos podido ser un Estado laico, sin ninguna influencia religiosa en nuestras instituciones, pero somos un Estado aconfesional. Pero, no somos un Estado católico.
En España el número de católicos está entre el 52% al 56% de la población, pero solo del 15 al 20%, se consideran practicantes. Aunque se mantiene una religiosidad que roza la tradición y el costumbrismo en muchas de sus celebraciones. Lo que significa que con motivo de la religión católica, diseñamos hasta un calendario laboral y sus festivos. Lo que provoca que se llenen nuestras calles y los medios de comunicación, de celebraciones religiosas que se apoderan de una supuesta sociedad secularizada y aconfesional.
La libertad religiosa en España es un derecho fundamental garantizado por la Constitución Española, es decir, que además de los que profesan la religión católica, hay creyentes de otras religiones, además de agnósticos y ateos. En las sociedades democráticas, la religión debería ser un asunto privado, pero nunca de ámbito público. La religión debería de ser de ámbito familiar, en sus respectivos templos y colegios que hayan escogido libremente los padres y madres.
Y, debería considerarse de mal gusto hacer testimonio público de convicciones religiosas, porque es una falta de respeto a los que piensan diferente. El mismo problema es en los países islámicos, que en otros países que profesen otras religiones. Lo ideal es que en todas las sociedades se respete la pluralidad religiosa y la autonomía de la religión con respeto al Estado. Buscando siempre no el referente moral de una u otra religión, sino el marco ético del respeto a los derechos humanos.
La visita de una papa a España, no puede polarizar la vida pública, las noticias y el ejercicio de la función gubernamental. Si España es un país aconfesional, tiene que intentar ser escrupulosamente imparcial, respetar al resto de confesiones y a toda la ciudadanía que esté a favor de un descreimiento sobre las religiones. León XIV no eres bienvenido, porque un Jefe de Estado que visita España debería de ser democrático y que de ninguna manera, venga a evangelizar.
Nadie se opone a una visita privada como líder religioso, pero nunca con el trato institucional que se le está otorgando. León XIV es libre de alquilar estadios, como cualquier artista para reunir a sus fieles y seguidores. Una cosa es dar su «concierto particular» en un entorno privado y otro muy diferente utilizar un entorno público para ofrecer una misa o una reunión. Ni nadie es tan importante para que casi 50 millones de españolas y españoles tengan que aguantar durante una semana el viaje de un papa, que debería de ser una cuestión privada y no pública.
Es un insulto a una parte importante de la sociedad española, la exhibición de unos símbolos, rituales y actos litúrgicos de una religión en concreto. El Estado no puede ayudar a poner unas preferencias o prácticas religiosas sobre otras. Las creencias y prácticas religiosas deben ser de ámbito privado y siempre buscando la equidad de un Estado no confesional.
Lo que para unos es una expresión pública de su fe, para muchos, pensamos que es una falta de educación y de respeto. Yo respeto lo que significa la religión, para los creyentes, que lo pueden expresar en su ámbito privado. Entiendo que deseen compartirla con otras personas que voluntariamente deseen hacerlo en manera colectiva. Para eso pueden alquilar cualquier espacio privado para poder hacerlo. El resto de creyentes de otras confesiones, los agnósticos y los no creyentes no tenemos ninguna necesidad de tenerlo que hacer.
No es cuestión de libertad de expresión, es simplemente cuestión de respeto a los que pensamos diferente. Porque todos los católicos tienen el derecho a escuchar y participar en sus celebraciones litúrgicas a su líder religioso. Pero, sin olvidar que el derecho que les asiste y protege es extensivo al resto de los ciudadanos. El Estado tiene que poner los medios necesarios para evitar que el ejercicio de esos derechos se convierta en un atentado contra los del resto de ciudadanos.
Vuelvo a insistir León XIV no eres bienvenido al Congreso de los Diputados, por ser el representante de un Estado absolutista.Y, mucho menos como representante religioso. Porque ninguna religión está capacitada para esgrimir derechos o de conciencia, cuando una religión se basa en la fe y no en la democracia de sus instituciones. Y, que normalmente mantienen una agenda reaccionaria, contra el matrimonio de mismo sexo, el divorcio, el aborto, los sistemas anticonceptivos o la eutanasia. Y, que además han mantenido una serie de delitos sexuales de pederastia encubiertos.
La Iglesia católica usa su poder y capacidad de influencia para ir en contra de los derechos humanos que se han votado democráticamente. La Iglesia es fundamentalmente conservadora, machista y homófoba. Cada persona es libre de adoptar las creencias de cualquier religión, también de la religión católica. Pero, todo lo que sea imponer sus ideas es contrario a un sistema democrático. Todos tienen derecho a pensar diferente y a profesar una fe, pero siempre desde un ámbito privado y con la facultad de votar a un partido de derechas que defienda sus creencias.
La libertad religiosa, debe apoyar también la distinción entre lo público y lo privado. La libertad se basa en el resto de derechos y libertades. La autoridad moral de la iglesia no es suficiente ni para apropiarse de la vida pública e informativa de todos nosotros, ni para persuadir sobre lo que es moral o políticamente correcto. León XIV no eres bienvenido en este viaje, si quieres llenar estadios, hacer una gira por España puedes hacerlo, pero siempre desde el ámbito privado. Y, con suerte tus fieles y seguidores harán largas esperas y pagarán el importe de sus entradas.
