El prefijo «tele», de origen griego, significa «lejos», «a distancia»,  un prefijo que se antepone a la raíz de la palabra, para formar otra palabra con otro significado pero manteniendo siempre la relación con el vocablo inicial. Que aparece en tantas palabras que utilizamos habitualmente y que durante esta pandemia se han puesto más de relevancia por su uso generalizado: teletrabajo, telebanca, televenta e incluso la telemedicina. Sin olvidar otras palabras, que se han convertido en nuestros compañeros habituales, como la televisión, el teléfono, el telemando, la teleserie, el telediario o la telebasura. Parece que el prefijo «tele» está de moda, todo a distancia e incluso la distancia social, la que tenemos que guardar entre nosotros. Sin embargo, todas estas palabras dan nombre a acciones que nos ayudan en nuestra vida diaria, desde la distancia: a poder trabajar, hacer nuestras transacciones financieras, a realizar nuestras compras o cualquier operación telemática. En definitiva, pretenden facilitarnos la vida, desde la distancia. Hubiera sido difícil pasar el confinamiento, sin una televisión, un teléfono, escuchando las noticias del telediario, viendo teleseries y telebasura, trabajando desde casa o comprando online.  

Casi todas estas cosas ya estaban con nosotros, pero la pandemia del Coronavirus, ha conseguido que lleguen a más personas y que hayan llegado para quedarse. Los más afortunados y afortunadas han seguido trabajando desde su casa, nos hemos acostumbrado a las apps de nuestros móviles, a comprar a distancia, a comunicarnos por voz, por escrito o por videoconferencia. A vivir en una burbuja, viendo teleseries, desde la que hacemos casi todo, con el exterior, con los demás. De repente nuestra vida se ha paralizado y nos hemos tenido que adaptar, el aislamiento obligatorio ha significado romper con nuestro día a día, con nuestra pérdida de libertad, con nuestros amigos y familia e incluso con la aparición del aburrimiento. Y, todo esto lo hemos intentado suplir a distancia. 

Los seres humanos somos seres sociales, necesitamos el contacto con los demás para nuestra supervivencia, pero parece que la tecnología nos quiere hacer cambiar las normas de vivir y de relacionarnos. Nos convierten en esclavos de un consumismo, que con el pretexto de facilitarnos la vida con las nuevas tecnologías y el universo digital, a través de la recopilación del Big Data  y la búsqueda de tendencias dentro de los datos, nos convierten en dependientes de una grandes empresas que solo piensan en hacerse cada día más millonarias y poderosas. Esta crisis sanitaria y económica, solo ha favorecido a las grandes empresas tecnológicas. Nos deberíamos hacer una reflexión, si merece la pena cambiar la vida, nuestra vida, por una simple «televida»…

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