En economía se dice la frase «no hay nada tan cobarde como 1 millón de dolares», para hacer referencia a la cobardía del dinero en los mercados de valores. No tiene sentido asignar un sentimiento al dinero, pero la cobardía es un rasgo intrínseco del dinero, porque quienes lo tienen no lo quieren perder. Cuando el pánico se esparce por los mercados, se genera un gran volumen de operaciones especulativas con tendencia a sobreprotegerse, en el momento que aparecen las pérdidas, las estrategias se fundamentan en preservar el capital para volverlo a intentar. Los mercados pueden pasar de un exceso de confianza al pesimismo más absoluto, la psicosis de los inversores ante el Covid-19 implica un riesgo de consecuencias impredecibles en el corto plazo.

Cuando en septiembre de 2008, colapsó Lehman Brothers, fue el contagio al sistema financiero mundial de algunas pequeñas entidades norteamericanas que quebraron como consecuencia de la crisis de las hipotecas subprime. Nadie pensó en el devastador contagio que supuso en la economía mundial. Ahora, nos enfrentamos a nueva crisis económica generada por el coronavirus de Wuhan, lo que demuestra la poca solidez de la economía mundial. Cuando China ha estornudado, el mundo se resfría. El nerviosismo actual se centra en que China es el núcleo de la propagación del virus. Pero además es la gran fábrica del mundo, y eso supone un desabastecimiento mundial, aparte de suponer el aumento de precios ante la falta de mercancía. Lo que implica especulación y la seguridad, de que como en todas las crisis, habrá mucha gente que ganarán mucho dinero. 

La alarma por el coronavirus no es solo sanitaria, tiene una repercusión directa en la economía, porque afectará en el descenso del consumo de los particulares, la reducción de beneficios en las empresas, el descenso del turismo global, la cancelación de grandes eventos, el aumento del paro… Y, también el aumento de gastos médicos por la epidemia y el frenazo de la expansión económica basada en una economía global, donde se han generado pingües beneficios fabricando en países como China, por su bajo coste. Parece mentira que en el siglo XXI, una epidemia de una gripe sin vacuna, pueda quebrar el bienestar económico y social de todo el mundo. La cobardía actual del dinero, fue valiente a la hora de generar beneficios, apostando por la globalización y creando una dependencia total de países como China. Una crisis, con mayúsculas, que tendremos que pagar los de siempre, aparte de correr el riesgo en nuestra salud.

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