La antipolítica es el relato perverso que se hace de la incapacidad de la política y de sus instituciones, de no hacer  cambios en la sociedad, generando descontento y apatía entre la ciudadanía, culpando a la política como causa de esa incapacidad. El relato antipolítico tiene unos riesgos contra la democracia y favorece el populismo, tanto de extrema izquierda como de extrema derecha. Donde se cae en el error, de emplear siempre los mismos tópicos en el relato de la antipolítica: querer igualar a todos por igual, hablar de corrupción, de clientelismo, de falta de transparencia, de incapacidad de cambio y minar poco a poco la confianza de la ciudadanía en las propias instituciones democráticas. La antipolítica, busca dentro del descontento y la apatía, entre los que no se sienten representados. Jugando con las emociones y pretendiendo cambiar las reglas del juego, sin consultarnos al respecto, olvidando que la democracia puede ser imperfecta, pero que la solución no es buscar un proyecto alternativo donde impere la anarquía, el autoritarismo o la democracia restringida. Hemos de recuperar el interés de los ciudadanos, los movimientos sociales y los partidos políticos por la política: de encontrar nuevas tendencias de desarrollo de esta sociedad,  creando escenarios de igualdad. Intentando derrocar a los «mercados», como únicos responsables de la desigualdad y del discurso antipolítico.

Reivindicar la política como forma de esperanza, ante el fracaso de su discurso y su práctica, fortaleciendo sus instituciones ante los partidos antisistémicos que agreden al régimen democrático desde fuera, así como en contra de la «guerra sucia» de algunos partidos desde dentro del sistema. La crisis de la política no es nada nuevo, se manifiesta como fruto del asentamiento en las sociedades de la democracia neoliberal, donde está más presente la economía de mercado y donde las crisis económicas han agudizado más la desigualdad y la pérdida de bienestar. La política ha pasado a un segundo plano, conseguida la democracia y la libertad, los mercados han quitado el rol a la política, acabando con su dimensión utópica. Solo importa el dinero, el poder y todo lo que ello comporta. Donde la democracia se ha convertido en pedir el voto a los ciudadanos para cambiar de un gobierno a otro gobierno, sin cambiar nada más.

La democracia se ha convertido en algo vegetativo, de falta de competencia, de falta de soluciones, de ineficacia y de falta de transparencia, donde la ciudadanía no se siente partícipe y surge el descrédito a la democracia representativa. Los partidos políticos y las instituciones han perdido su capacidad de ofrecer soluciones a las demandas de la población y se han olvidado el querer cambiar la sociedad, junto con su incapacidad para enfrentarse a los graves problemas del país, significando un fracaso de la política como fuente de esperanza para tanta gente. Que han propiciado un agotamiento de la población y el dejarse atrapar por las soluciones fáciles del populismo, especialmente de la ultraderecha, que está movilizando a una incipiente parte de la sociedad. Donde cada vez la democracia, pierde cada vez más su papel de traducir las voluntades, debido a la gran abstención. La política se basa en el frentismo, el sectarismo, convirtiendo a la política en guerra sucia, olvidando las necesidades de sus ciudadanos. Convirtiéndola en propuestas cerradas y excluyentes, con falta de pluralidad, con una irresponsabilidad total por parte de los políticos, donde la ciudadanía pierde su esperanza en la democracia, al ver perdidas sus expectativas de presente y futuro.

Donde cada día, hay más personas que creen en los outsiders, en las promesas de las salidas a los problemas que agobian a la población, aunque sea perdiendo la democracia. La antipolítica desarrolla un discurso peligroso, que se aprovecha de la crisis económica y de los conflictos para ganar adeptos. Creando una sensación de aborrecimiento en la política, de no sentirse representados y de tener a sus opositores como enemigos. No existe una vieja y una nueva política, intentan legitimar la antipolítica para hacer cambiar las cosas, pero no para beneficiar a todos. Buscan a los indignados, los desencantados, a los que en el descontento social ya no tienen trabajo, los que han perdido su vivienda, los que han agotado sus recursos o los que ya no tiene ninguna esperanza. La antipolítica solo busca cambiar de personajes, pero su proyecto está más cerca de los mercados, que de la igualdad de todos los ciudadanos, intentos de distracción para llegar al poder.

Necesitamos creer en la política, de la cual reniega la antipolítica. Pero, los políticos deben se ponerse las pilas, deben de reaccionar ante el peligro del populismo de los extremos, nos estamos jugando la democracia y la libertad, todo por lo que lucharon nuestros mayores. Aceptar la antipolítica, es casi lo mismo que aceptar que la dictadura franquista era mejor que la democracia en muchos aspectos. Tenemos el peligro en nuestras calles, en los medios de comunicación, en las redes sociales, dentro de nuestras instituciones y les estamos ayudando a crecer. Solo nos queda reflexionar si es acierto suyo o fallo nuestro. La responsabilidad es de cada uno de nosotros…

Un comentario sobre “La antipolítica y sus riesgos añadidos.”

  1. No sé si el 15-M, fue un movimiento de indignados que buscaban «otra forma» de hacer política, una novedosa forma de movilizaciones y acciones; o simplemente una forma de hacer antipolítica. Desde, la distancia que da el tiempo, podemos decir que había un sentimiento de indignación, una toma de conciencia de que se podía cambiar las cosas por medio de una acción colectiva y la firma idea de que se podía implementar una nueva política. Pero, lo que no podemos olvidar es que había una firme convicción de atacar a la vieja política. El surgimiento del 15-M tiene que ver con una crisis económica, que acabó con su retirada de las plazas, la formación de asambleas, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), su participación en las protestas masivas contra los recortes, las “mareas» y una coordinación mayor con la creación de Podemos. ¿Hicieron antipolítica? Probablemente, sí.

    El 15-M supuso luchar contra la injusticia, la represión, las ocupaciones, los desalojos y otras coyunturas en que estaban inmersos los indignados, en contra de sus supuestos responsables. A través de Podemos, han cambiado algunas cosas de la «vieja política», han conseguido gracias a su colaboración: ganar la moción de censura a Mariano Rajoy, incluso han formado un gobierno de coalición con el PSOE. ¿Siguen haciendo antipolítica? Probablemente, sí.

    Al otro lado, la extrema derecha que se rearma ideológicamente en torno a la unidad de España. El estar en contra del: Estado Autonómico, del racismo, de la xenofobia, del feminismo, de la memoria histórica… A favor del: liberalismo, del imperio de la ley, de volver a tiempos pasados… Siempre desde la confrontación con la izquierda, contra el comunismo. ¿Hacen antipolítica? Probablemente, sí.

    Las diferencias entre la extrema izquierda y la extrema derecha, chocan en sus concepciones diferentes de entender la economía, la cultura, el tipo de sociedad y la forma de hacer política. Los dos intentan desde la confrontación, usar la propaganda y movilizar a sus seguidores para hacer una cosa común, que es hacer antipolítica. Unidas Podemos y Vox, se postulan contra el PSOE y el PP respectivamente como izquierda y la derecha auténtica. Los dos pretenden captar a los desencantados, los dos utilizan la ideología populista para enfrentarse a la política tradicional, a los dos les gusta hacer antipolítica. La única diferencia es que Vox, lo consigue y Unidas Podemos, no. ¿Se equivocan los dos o acierta la ultraderecha?

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