La enfermedad de la democracia representativa se llama abstención, cuando en una democracia los ciudadanos no se sienten identificados con los partidos, las ideas o los candidatos y no asumen su responsabilidad frente al control político de las instituciones. Algo está fallando. El hecho de no participar en la democracia, puede ser motivado por múltiples factores: desde la desconfianza, el hartazgo que pueden generan los líderes que aspiran al poder, hasta la propia comodidad y apatía de los ciudadanos.

La enfermedad de la abstención, no puede considerarse una excepción  en las elecciones, se convierte en una regla que aumenta en cada proceso electoral. Se ha acabado el gran movimiento ciudadano de votar, o bien porque consideran que los resultados de las elecciones son enteramente predecibles o porque consideran que su participación individual no sirve de nada. Ni siquiera existe el deseo de votar como muestra de indignación, búsqueda del cambio o simplemente como castigo electoral. 

Hay una parte de los ciudadanos que piensan que votar no sirve para nada, que todo seguirá igual. Dichos ciudadanos buscan excusas en el desencanto de la política tradicional, en la falta de credibilidad de los políticos, en la desconfianza hacía la instituciones y la incredulidad de cambios reales. Eso genera desafección por la democracia representativa y se convierten los ciudadanos en carne de cañón para los partidos populistas radicales de derecha. Dicen los que se abstienen que la «política no les interesa», pero sin embargo son abducidos por los partidos populistas con mentiras como el patriotismo, la xenofobia y el odio.

El domingo día de 2 de diciembre, los andaluces que se queden en su casa, ayudarán a la derecha. Porque quizás cuarenta años en el poder del PSOE, son demasiados años, pero la abstención vendrá de la izquierda, porque los votantes de derecha quieren desbancar al PSOE y eso es un peligro que después ya no tendrá solución. La unión de las tres derechas: PP, Ciudadanos y Vox puede hacer perder el gobierno a Susana Díaz. Y, mucho más, puede ser la entrada como fuerza parlamentaria, de un partido populista radical como Vox, en contra de la inmigración, los derechos de las minorías y la centralización de España.   

Ahora, puede ser solo el diagnóstico de una enfermedad, mañana puede ser un cáncer con metástasis en todas las instituciones andaluzas y por extensión en toda la política española. El PP ha perdido el monopolio de la derecha a favor de Ciudadanos, como el PSOE ha perdido su hegemonía en la izquierda, aunque Adelante tampoco arrastra a los votantes de izquierda. El problema no es el cambio de partido en el Palacio de San Telmo, la cuestión no es si gana el PSOE, el PP o Ciudadanos, es conseguir aislar a partidos como Vox, para que no tengan representación en el Parlamento de Andalucía. Todo depende de votar, de no quedarse en casa, de elegir a nuestros representantes, de que nadie decida por nosotros. Andalucía se juega el cambio, los ciudadanos nos jugamos la esencia de la democracia que es la participación. ¡Vota, por favor!

Un comentario sobre “La enfermedad de la democracia.”

  1. No te quedes en la mesa camilla, viendo la televisión o mirando las redes sociales como mero espectador este domingo. Tienes la obligación de participar: vota al partido que tu prefieras, vota en blanco o deposita un voto nulo. Nos ha costado demasiado tiempo, conseguir esta democracia, quizás imperfecta, pero democracia al fin y al cabo, para ahora abstenerte.

    Se juega tu futuro y el todos los tuyos, estamos hablando de economía, de trabajo, de educación, de sanidad, de dependencia, de todo lo que te rodea. En tu voto está cambiar o no cambiar el gobierno andaluz. Si te quedas en tu casa los demás decidirán por tí.

    Tienes la oportunidad de poder hacer algo por Andalucía y también por tí, aunque no te lo creas estas elecciones son importantes. Aunque los políticos no hayan sabido hablarnos de lo que nos interesa, aunque sabemos que siempre caen en la demagogia y en el cainismo. Que no son capaces de ilusionarnos y de creer en lo que nos prometen. Aunque creamos que todos quieren llegar para medrar y no para mejorar la sociedad. No podemos aceptar que todos sean igual y que no sirve de nada votar. Después de la elecciones, ya no habrá solución, no podrás enmendar el no haber votado.

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