Gracias al humor podemos gastar bromas, podemos reírnos los blancos de los negros y los negros de los blancos; los creyentes podemos criticar a los ateos y los ateos pueden reírse de cualquier Dios, sea la religión que sea. Gracias al humor se debería perder el miedo a los símbolos, por ejemplo una bandera, que no deja de ser un trozo de tela que se ata a un mástil y que sirve como distintivo de un país, una institución u otro tipo de entidad y se debería aceptar poder hacer chistes de cualquier minoría, aunque hoy no están demasiado bien vistos. Porque, la corrección política, depende de la ideología, para unos está mal reírse de las minorías, para otros solo hay que hacerlo de los poderosos, pero ambos están poniendo recortes a la libertad de expresión.

El fracaso del humor es que no haga gracia y está en el limite del humor, que lo tiene que marcar la ética o la moral del humorista, que es el que decide entre lo que se puede y no se puede contar  El humor se puede utilizar también, para hacer sátira, para atacar el poder, para reivindicar injusticias o para poner en tela de juicio a esas cosas que parecen intocables. El humor como todo en la vida, te puede gustar o no, pero no debe tener límites, hay que aceptarlo como expresión de libertad. No puede haber tabús o temas imposibles de bromear. 

Ayer por la noche, con el himno nacional de fondo y una bandera española como decoración, Dani Mateo estaba haciendo un «sketch» en el programa El intermedio de La Sexta, el cómico estornudó y echó mano a la bandera para limpiarse la nariz, entre risas del público. Sonarse los mocos es un acto de libertad, aunque utilizar la bandera, quizás es de mal gusto. Supongo que levantará muchas ampollas, que habrá muchas personas que se han sentido ofendidas y que otras simplemente lo han acogido como lo que es: humor y libertad de expresión.

Al que no le guste, que no se ria. El que se sienta ofendido que no vea el programa. Porque en una democracia plural todos tenemos la suerte de poder decidir lo que queremos ver y escuchar. Los límites los debe establecer el humorista y la aceptación de dicho humor lo debe decidir el público. Y, nada más… Si defendíamos en 2016, con la voz y los apoyos en redes de «Je suis Charlie» en defensa de la libertad de expresión de «Charlie Hebdo» a defender su humor. Hoy apoyo a un cómico que no sé si ha querido ofender, pero que a mi no me ha ofendido, pero tampoco me ha hecho gracia y sobre todo respeto su libertad de expresión, que es la mía y la de todos.

Un comentario sobre “Humor u ofensa a la bandera.”

  1. Sin símbolos, himno y bandera es difícil concebir un país. El valor de los símbolos unen y separan al mismo tiempo, unos muestran respeto y otros los atacan. Las críticas pueden intentar ser constructivas y respetuosas, pero también pueden ser ofensivas para otros. El ámbito de los símbolos suele ser especialmente problemático para la libertad de expresión, atacarlos equivale a atacar a todo un país. Los que los atacan se convierten en enemigos, traidores y desleales para los que demuestran su lealtad. Les ciega, a estos, cierto grado de fanatismo y de intolerancia con los que piensan diferente.

    Reaccionar ante una burla o critica a los símbolos, entrando en el combate verbal, en estigmatizar o en las represalias, no es la mejor forma de combatirlo. Sonarse los mocos en la bandera puede ser de mal gusto, pero pretender que las leyes protejan de forma especial sus convicciones,tampoco es la solución. Los individuos y las sociedades deben ser más maduras, menos sensibles, menos irritables y más escépticas con la importancia de los símbolos y de la confrontación de ideas que se consideran demasiado vulnerables frente a la crítica. Tolerancia no es solamente permitir aquello con lo que no estamos de acuerdo: es no prohibir lo que nos disgusta y por encima de todo está la defensa de la libertad de expresión.

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