Quiero reivindicar el humanismo frente a la digitalización. La crisis sanitaria derivada del Covid, nos ha hecho cambiar nuestros hábitos y la forma de relacionarnos. Lo que hace poco tiempo era algo dentro del ámbito profesional o tecnológico, se ha convertido en una imposición. Hablamos escribiendo, nos vemos por videoconferencia, nos relacionamos con las redes sociales, el teletrabajo es una nueva forma de trabajo, pedimos cita a un robot, utilizamos apps para todo o pagamos digitalmente… La nueva digitalización ha sido impuesta para toda la sociedad en su conjunto, por la necesidad de llegar a un proceso de digitalización extrema debido a la pandemia. Pero, dicho acceso a la digitalización, ha supuesto una forma de desigualdad, de exclusión social, de brecha digital, para las personas de mayor vulnerabilidad social y sobre todo de las personas mayores. Si en el siglo XV apareció el concepto de humanismo renacentista con el objetivo de poner al ser humano en el centro de todo, ahora aparece la necesidad de anteponer la tecnología a las personas. Con la excusa de que los avances en robótica, inteligencia artificial y digitalización van a permitir que nos facilite tiempo y calidad de vida al ser humano, nos olvidamos de las personas. Pretenden cambiar el humanismo, por estar en manos de un algoritmo.

Todo cambio genera recelo, miedo y hasta un cierto rechazo. La digitalización era algo que tenía que llegar, pero mi pregunta es ¿cuál era el límite, si tenía que haberlo? En unos momentos en que fomentamos la igualdad social, se mezcla la vulnerabilidad económica de quienes no pueden tener acceso a internet, un ordenador, una tablet o un smartphone. Y, los que les falta competencias digitales para el uso de la tecnología. Cada vez más, muchos procesos y servicios pasen por la digitalización, y eso impide a muchas personas que accedan a plataformas o servicios que necesitan, lo que implica su fragilidad y desigualdad. Desde los niños y niñas en hogares que no superan el umbral de pobreza, que han tenido dificultades para seguir con normalidad el curso escolar, por no tener acceso a internet. Pasando por trabajadores y trabajadoras que no poseían las competencias digitales y de acceso a conectividad, que le ha supuesto una gran barrera de acceso al trabajo. Y, sin olvidar, a nuestros mayores, que aparte de intentar con la tecnología el aislamiento y la soledad no deseada, se han tenido que enfrentar a una falta de competencias, por estar alejados de la tecnología. La sociedad ha apostado por la digitalización, olvidándose de demasiada gente.

Nos hemos olvidado de la personas, de sus necesidades, de sus hábitos e incluso de sus limitaciones. Han cerrado las oficinas bancarias para hacer ingresos y reintegros, que se deben hacer por cajero automático o por la app de la entidad bancaria. Las oficinas de «atención al cliente» de las compañías de electricidad, telefonía o el agua, nos atiende un robot. Llamamos para pedir cita al médico y nos atiende la inteligencia artificial para darnos, para más inri, una cita telefónica con el médico. Queremos pagar en efectivo y nos dicen que paguemos digitalmente. La sociedad está poniendo las diferencias socioeconómicas, de formación y de edad, que dificultan que los beneficios potenciales de la Sociedad de la Información, alcancen a todos los seres humanos por igual. La digitalización supone una forma de desigualdad, que solo se puede solventar gracias a un humanismo tecnológico, es decir, ayudado por personas para las personas.

Un comentario sobre “El humanismo frente a la digitalización.”

  1. No estoy en contra de la digitalización, estoy en contra de este tipo digitalización, que se ha olvidado de las personas, de las personas que necesitan a otras personas para solucionar sus necesidades. Diferencias que se ven agravadas cuando se combinan variables de edad, renta y nivel de educación. El problema no es solo las infraestructuras, sino las personas, que precisan de educación digital, acompañamiento y apoyo para no quedar excluidas.

    Las desigualdades digitales, generadas en gran medida por la brecha digital, deben ser solucionadas con el humanismo y también por la tecnología, para garantizar el uso correcto de las herramientas digitales en beneficio de la ciudadanía, y que nunca sean un factor de desigualdad social. A lo mejor, sería comenzar por simplificar todo, hacerlo todo más sencillo, menos frío, más accesible, más humano, con una sonrisa, con un gracias…

    Digitalizar una sociedad no debe suponer deshumanizarla y hacerla más complicada, para muchos de sus ciudadanos y ciudadanas, aunque para muchas sea más sencilla y práctica. ¿Tus padres o tus abuelos son capaces de descargarse el certificado covid, hacer una transferencia bancaria o pedir una cita médica sin tu ayuda? Si es así, felicidades…

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