La sanidad es un tema sensible, que acaba repercutiendo en los ciudadanos. Porque estamos hablando de nuestra salud y de la calidad asistencial que ofrecen los profesionales a los pacientes. Y, para eso debe contar con el respaldo de médicos y facultativos.
La huelga médica reclama un Estatuto propio como única solución, para solucionar los problemas laborales que acaban con el paso a la sanidad privada o al extranjero. En definitiva, falta una legislación adecuada para la profesión médica que permita retener a los profesionales con unas condiciones laborales justas. Son los médicos los que deben negociar sus propias condiciones.
La sanidad pública española se encuentra sumida en una crisis laboral, económica y asistencial. De nuestra solidaridad y apoyo depende que la sanidad pública vuelva a los estándares de calidad que nunca debió abandonar.
Lo que comenzó como una reivindicación sectorial, refleja un malestar profundamente arraigado que va más allá del estatuto, tocando problemas estructurales, como por ejemplo: la precariedad y la sobrecarga asistencial. Que hace subir las listas de espera y la calidad de servicio.
La huelga médica y la falta de acuerdo con el Gobierno de España para llegar a un acuerdo en el Estatuto. Sirve para eximirse de la responsabilidad de la gestión sanitaria, que en España es una competencia autonómica. Como por ejemplo, en Andalucía.
Donde la huelga médica no tiene la culpa de que el Servicio Andaluz de Salud (SAS), tuviera un millón de pacientes esperando una intervención o una consulta con un especialista, a 31 de diciembre de 2025. Y, que sea el peor valorado a nivel nacional. La crisis del cribado de mamá y las derivaciones de miles de pacientes a clínicas privadas.
