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Huelga médica por muchas razones.

Hoy comienza la primera jornada, convocada del 27 al 30 de abril, que es ya la tercera convocatoria de huelga médica. Los que ya tenemos una cierta edad y además tenemos una extensa muestra de patologías, somos muy sensibles a una huelga médica. Porque eso supone aplazamiento de citas, posibles retrasos en pruebas, especialistas e intervenciones.
De lo cual soy un buen ejemplo. Pero, siempre la huelga ha sido una herramienta de presión para la creación de beneficios para los trabajadores. Es un derecho fundamental que debemos respetar, compartir y solidarizarnos con quienes lo ejercen. Y, mucho más, cuando estamos hablando de sanidad, que nos incumbe a toda la sociedad.
Está huelga médica es por muchas razones, pero sobre todo por el enfrentamiento con el Ministerio de Sanidad en torno al estatuto marco del colectivo sanitario. Buscando obtener más derechos para los profesionales y un mejor servicio para la ciudadanía.
Se exigen mejoras laborales, la regulación de las guardias médicas, jornadas de 35 horas semanales, mayor estabilidad en el empleo y una mesa propia de negociación para la profesión. Donde sus exigencias no las comparte el Ministerio de Sanidad, manteniendo bloqueada la negociación. Lo que supone aparte de los retrasos, aumento en las listas de espera y grandes perjuicios económicos.

La sanidad es un tema sensible, que acaba repercutiendo en los ciudadanos. Porque estamos hablando de nuestra salud y de la calidad asistencial que ofrecen los profesionales a los pacientes. Y, para eso debe contar con el respaldo de médicos y facultativos.

La huelga médica reclama un Estatuto propio como única solución, para solucionar los problemas laborales que acaban con el paso a la sanidad privada o al extranjero. En definitiva, falta una legislación adecuada para la profesión médica que permita retener a los profesionales con unas condiciones laborales justas. Son los médicos los que deben negociar sus propias condiciones.

La sanidad pública española se encuentra sumida en una crisis laboral, económica y asistencial. De nuestra solidaridad y apoyo depende que la sanidad pública vuelva a los estándares de calidad que nunca debió abandonar.

Lo que comenzó como una reivindicación sectorial, refleja un malestar profundamente arraigado que va más allá del estatuto, tocando problemas estructurales, como por ejemplo: la precariedad y la sobrecarga asistencial. Que hace subir las listas de espera y la calidad de servicio.

La huelga médica y la falta de acuerdo con el Gobierno de España para llegar a un acuerdo en el Estatuto. Sirve para eximirse de la responsabilidad de la gestión sanitaria, que en España es una competencia autonómica. Como por ejemplo, en Andalucía.

Donde la huelga médica no tiene la culpa de que el Servicio Andaluz de Salud (SAS), tuviera un millón de pacientes esperando una intervención o una consulta con un especialista, a 31 de diciembre de 2025. Y, que sea el peor valorado a nivel nacional. La crisis del cribado de mamá y las derivaciones de miles de pacientes a clínicas privadas.

Los médicos en huelga, son esos mismos a los que se aplaudía en la pandemia. De los que nos olvidamos, al poco tiempo. Son también los que están ahí para prevenir, diagnosticar, tratar y curar enfermedades. Para ello, deben de contar con las mejores condiciones laborales y socioeconómicas. Una razón para que cuenten con nuestro apoyo y que se traslade en una sanidad pública de calidad.

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