Mañana 26-J, elecciones generales después de seis meses. Discrepo de la opinión de muchas personas que parece que les molesta votar de nuevo. Puedo estar de acuerdo en que un acuerdo, un pacto entre partidos hubiera evitado estas elecciones y los seis meses con un gobierno interino. Pero, lo que realmente me molestaría es no poder votar, por eso valoro tanto un día de votaciones, en que los ciudadanos podemos escoger con nuestro voto y en libertad.

Mañana, por desgracia la abstención será la primera noticia, después será el ganador de las elecciones, si ganará el voto útil del PP; si definitivamente habrá sorpasso; si el PSOE podrá mantenerse como el partido de la oposición; si Ciudadanos perderán escaños a favor del PP… Los ciudadanos dirán con su voto si les importa o no lo últimos casos de corrupción, la dimisión del ministro de Industria, José Manuel Soria, por su vinculación con los papeles de Panamá  la presunta financiación ilegal del PP en la Comunidad Valenciana  o el último escándalo de las conversaciones grabadas en el despacho del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz.

Después de estas elecciones sabremos si los políticos, van a ser capaces de romper el bloqueo en el que se encuentra el país desde el pasado mes de Diciembre, si habrá nuevos recortes tras el incumplimiento del déficit público y como seremos capaces de salir de ese terremoto político de consecuencias imprevisibles que es el Brexit.

La llamada al voto útil, al voto moderado, la política del miedo, son los mensajes que ha invocado durante toda la campaña el PP. Subrayando que votar a Ciudadanos no aporta nada y se los resta al PP; olvidando al PSOE y animando al sorpasso de Podemos, para crear un mensaje contra el radicalismo y el extremismo. El PP con estos mensajes moviliza la fidelidad de sus votantes y el miedo a que ganen los partidos progresistas. Sin olvidar la campaña mediática para impulsar el liderazgo de Rajoy, la cercanía a la ciudadanía y el olvido intencionado a la renuncia por dos veces del presidente en funciones a presentarse a la investidura.

Nos quedan veinticuatro horas para saber unos resultados, que dependerán y mucho de la abstención, de la fidelidad de los simpatizantes del PP y del voto progresista si estará muy dividido o no, entre el PSOE y Unidos Podemos. Todo menos quedarse en casa y unas terceras elecciones.

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