A final de año, siempre nos planteamos deseos de cómo desearíamos que fuese el año entrante. Mi deseo: «hacer posible lo imposible entre todos». Aunque siempre, mientras unos se esfuerzan por hacer posible lo imposible, otros se afanan en hacer imposible lo posible. Siempre hay cosas fáciles e imposibles, pero hay que atreverse, hay que intentarlo, muchas cosas son imposibles hasta que se hacen. Todas las esperanzas en el 2021, están depositadas en las vacunas de los respectivos laboratorios, para acabar con esta pandemia. Los científicos han conseguido con su capacidad fabricar un remedio eficaz, han conseguido hacer posible algo que parecía imposible en un tiempo récord. La vacunación masiva de la población durante este nuevo año marcará algo posible: la inmunidad de grupo, que puede convertirse en un objetivo imposible, con todos los que tienen costumbres antisociales que van a dificultar el fin de esta pandemia.

Hacer posible lo imposible, es fijarse utopías en la vida que son imposibles de alcanzar por su propia naturaleza, pero que nos ayudan a avanzar y a superarnos, y que algunas hemos conseguido que sean posibles. Desde superar la esclavitud, alcanzar derechos todas las personas, conseguir niveles de democracia, alargar la esperanza de vida,  encontrar remedios a muchas enfermedades o llegar a conquistar el espacio. Por utopía se conoce un conjunto de ideas y valores que aceptamos su carácter difícilmente realizable, pero aunque se plantee su carácter irrealizable, nos hace ilusionarnos con convertir lo imposible en posible, porque la utopía no es sólo posible, es imprescindible para seguir progresando. La utopía es una alternativa al margen de la realidad, representa el anhelo hacia la construcción de un mundo mejor frente a una realidad golpeada de profunda desigualdad.

En estos tiempos de crisis, es más necesaria que nunca las utopía, es nuestra forma de expresar nuestro descontento e indignación con la realidad que nos está tocando vivir. Es cuando la utopía, lo supuestamente imposible, debe servirnos para unirnos, para entre todos remar en el mismo sentido, para conseguir cambiar esta sociedad. No podemos olvidar la rebeldía y la movilización para cambiar una sociedad radicalmente injusta. Es una forma de poder sobrevivir y de seguir viviendo, la utopía sirve para seguir caminando. En este 2021 reivindico la utopía de la responsabilidad, en ser cada uno de nosotros y nosotras, en ser catalizadores en conseguir un objetivo inmediato y necesario: la inmunidad de grupo.

Hace falta desprendernos de una visión individualista para migrar a una visión basada en la colectividad, no podemos erradicar esta pandemia, sino es con la cooperación de todos. Mientras unos se esfuerzan por hacer posible lo imposible, otros se afanan en hacer imposible lo posible. La distopía del coronavirus, antónimo de la utopía, nos ha cambiado nuestras vidas: nuestras costumbres, nuestras relaciones y nuestros objetivos de futuro. Solo la utopía de la responsabilidad, nos servirá como medida eficaz para detener esta pandemia. Ni las vacunas podrán conseguir los resultados de la responsabilidad de todos nosotros.  Esperemos que no se convierta en un deseo incumplido para este próximo año. Depende de todos y de todas…

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