El dinero es necesario en nuestra sociedad, es una herramienta que nos permite vivir, intercambiar nuestros recursos y acceder a bienes de los que no disponemos.

El dinero no se creó con aspectos éticos ni democráticos, el único criterio del dinero en una sociedad capitalista es obtener beneficios a corto plazo. Un banco, la única precaución que toma es en relación a la solvencia: si seremos capaces de pagar el préstamo y los intereses, pero no se preocupan de la ética. Nadie busca razones de legitimidad moral en el dinero, las empresas tienen como objetivo ganar dinero,crear riqueza aparte de crear puestos de trabajo. Los particulares tenemos que buscar algún medio para ganar dinero: trabajo, especulación, suerte… para ser capaces de sobrevivir, de comprar y de pagar nuestros préstamos.El dinero deja de ser una herramienta para convertirse en un fin en sí mismo. Este mecanismo fomenta la competencia por el dinero y la desigualdad social. El dinero no es el problema, el problema son las reglas que utiliza la sociedad capitalista.

El portavoz de Unidos Podemos en el Senado y diputado autonómico en la Asamblea de Madrid, Ramón Espinar ha sido noticia estos días por la compraventa de una vivienda pública en Alcobendas en 2.011. Nueve meses después de haber comprado el inmueble por 146.224 euros, la vendió por 176.000 euros, Ramón Espinar solicitó el permiso de venta a la Comunidad de Madrid y ésta se lo concedió.  El motivo que alegó Espinar es que vendió el piso por su “situación de precariedad” que no le permitía meterse en “una hipoteca”. Una plusvalía, según la escritura, de 30.000 euros, aunque Espinar asegura que fue de 19.000 euros.

La cuestión no es tanto legal como ética, sus circunstancias económicas no cambiaron desde la compra a la venta, tenía tres opciones: devolver la vivienda, venderla al mismo precio de compra o ganar una plusvalía. Eligió la tercera. Cualquier persona en su situación: joven, estudiante, sin trabajo, con deseos de independencia… hubiera intentado ganar dinero y lo hizo legalmente. Al final todos somos iguales, si podemos ganar un dinero fácil, pocos saben decir que «no» y cuando les llega el momento son débiles y caen igual que los demás. A finales del año 2015, Ramón Espinar, diputado de Podemos en la Asamblea de Madrid, dijo: «El objetivo final de la promoción de vivienda pública no es venderla, el objetivo final de la promoción de vivienda pública es garantizar el acceso al derecho a la vivienda de la ciudadanía que no puede acceder en mercado libre. Ese es el objetivo».

La coherencia de un discurso sobre la especulación de viviendas debe comenzar por uno mismo, los dirigentes de Podemos predican la moralidad y cuando tienes el dedo acusador sobre los demás, debes de ser mejor que ellos, porque sino pierdes la credibilidad. Podemos supo atraer el descontento de una sociedad causado por una crisis profunda y los casos generalizados de corrupción, pero estos casos en lo que se toca dinero se roza la frontera de lo ético, y ya sabemos que el dinero es todo menos ético.

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