En el Catecismo, la Iglesia Católica nos propone cuatro pasos para una buena confesión: Examen de conciencia; contrición o arrepentimiento, que incluye el propósito de no volver a pecar; confesión y finalmente, satisfacción o cumplir la penitencia. Dice el Papa Francisco que “el perdón de nuestros pecados no es algo que podamos darnos nosotros mismos. Yo no puedo decir: me perdono los pecados. El perdón se pide, se pide a otro, y en la Confesión pedimos el perdón a Jesús». Me pregunto a quien puede pedir perdón el rey emérito, ahora que sabemos que Juan Carlos se dedicaba a cobrar comisiones y evadir impuestos supuestamente.

Muchos que después de la Transición Española defendieron el papel de la monarquía, aún no siendo monárquicos y se reconocían  «juancarlistas», quizás deban de hacer un examen de conciencia, ellos también, para saber en qué se han equivocado. Fueron los que ofrecían todo tipo de argumentos para defender la Monarquía parlamentaria como forma de Estado con argumentos para que la Jefatura del Estado recayera en una Institución que simbolizara la unidad de los españoles por encima de batallas ideológicas y partidistas. Hasta los republicanos de corazón entendieron la trascendencia de la monarquía en la figura de Juan Carlos y se disculpaban diciendo que ellos «no eran monárquicos, eran juancarlistas». 

No se puede poner paños calientes a las cosas, se es monárquico o no se es. No podemos hacer juego de palabras absurdos diciendo que la monarquía era una institución moderna, nada tan antiguo y tan retrogrado como un cargo habitualmente vitalicio al que se accede de forma hereditaria. Los Borbones son muchas cosas, aparte de una familia, ellos no pueden dar una imagen moderna mientras sigan en la Jefatura del Estado simplemente por lazos sanguíneos, porque la modernidad sería la elección democrática del Jefe del Estado. Argumentos como que la monarquía española en la persona de Juan Carlos I, era una monarquía moderna, útil y adaptada a nuestro momento presente fue un gran engaño que se aceptó por miedo. 

Como todo no se puede ser absoluto, los regímenes monárquicos y republicanos tienen sus ventajas y desventajas, hay repúblicas que funcionan muy bien y países monárquicos que gozan de calidad y desarrollo democrático. Aunque los «juancarlistas» deberían de haber hecho examen de conciencia de que se tiene que ser monárquico o republicano, porque si se acepta la monarquía como forma de gobierno es que hay que valorar la institución no a cada rey.  Porque esta monarquía y la figura del rey Juan Carlos I, fue designada por el dictador Francisco Franco como su sucesor en la Jefatura del Estado. 40 años de franquismo y 35 de «juancarlismo», ya son suficientes, para tener que seguir perpetuando la monarquía. Los españoles y españolas tenemos derecho a elegir nuestro Jefe de Estado.

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