Hoy es 14 de abril, 85 años de la proclamación de la Segunda República en España, decir República para los que hemos conocido una dictadura, es hablar de Libertad, Igualdad, Progreso, Cultura y muchas cosas más. Pero, la nostalgia de república, no me hace sacar la bandera tricolor, escuchar el himno de Riego y desear que mañana España sea republicana, porque solo podremos cambiarlo si los españoles así lo decidimos con nuestro voto.

El 12 de abril de 1931, España celebraba unas elecciones municipales inéditas, éstas se enfocaron como un plebiscito entre los partidos firmantes del Pacto de San Sebastián (republicanos) y los contrarios a dicho Pacto, los monárquicos. La victoria republicana fue aplastante en ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia, ganando en 41 de las 50 capitales de provincia. Por el contrario, los fuerzas monárquicos se habían impuesto en las áreas rurales.

El 14 de abril de 1931, las Cortes Generales depusieron al rey Alfonso XIII y Niceto Alcalá Zamora proclamó oficialmente la Segunda República Española. Los miembros de este gobierno representaban a los republicanos, socialistas, nacionalistas catalanes y gallegos. Tras las elecciones municipales, el gobierno provisional convocó elecciones a Cortes Constituyentes. España inició una etapa demócrata y reformista en un momento muy difícil: en plena Gran Depresión Económica Mundial y sobre todo, en el período de la crisis de las democracias europeas. La República, que prometía un cambio, contó con un amplio apoyo popular pero con la oposición de los grandes propietarios, la oligarquía financiera, parte del ejército y la Iglesia. Este contexto de enfrentamiento terminó influyendo en España radicalizando poco a poco las posturas hacia la derecha y la izquierda.

Después de cuarenta años de dictadura para olvidar y otros cuarenta de democracia, hemos alcanzado una monarquía parlamentaria y un sistema de gobierno basado en la representación parlamentaria. Hemos alcanzado un modelo de convivencia basado en la democracia, libertad y pluralismo político. Faltando aún, muchas cotas de dignidad de las personas, justicia, igualdad y libertades públicas, que no sabemos si serían mejoradas en una Tercera República, pero se merecería la pena poderlo intentar.

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