engañar a la genteEngañar a los demás, parece que es el objetivo de algunos políticos. A los ciudadanos nos piden sacrificios, nos han subido impuestos, nos han reducido prestaciones sociales, hemos perdido los trabajos, nos engañan y nos roban. Los políticos no se acuerdan cómo llegó el dinero a un banco suizo, no sabían que el uso de las tarjetas black era ilegal, no saben nada de los pagos en b, no se acuerdan de nada que tenga que ver con la corrupción.

Hemos de reaccionar frente a esos políticos que engañar y traicionar la confianza es lo único que cumplen de su programa; aquellos que la honestidad deberían leer su significado, aquellos que destinaron el dinero a salvar a los bancos, aquellos que nos metieron en la crisis por su codicia de ganar más y más dinero, aquellos que han destruido el estado del bienestar, el sistema educativo y el sistema sanitario. Dice el refrán que «en el país de los ciegos el tuerto es el rey», pero parece que todos los políticos son ciegos, porque nunca ven nada de lo que pasa a su alrededor, sobre todo si lo que pasa es algo poco ético respecto a su conducta, porque “no hay mas ciego que aquel que no quiere ver”.

Debemos recordar a los políticos, empresarios, financieros, que no son nada sin nosotros, los ciudadanos de a pie y sin embargo nos tratan como si fuéramos tontos y se ríen de nosotros en nuestras mismas narices, negando lo evidente. Cuando escuchamos los casos de corrupción, la lista Falciani, la falta de honradez, los imputados políticos que no dimiten, los políticos que no se atreven a reconocer sus errores… Es cuando nos preguntamos si hay dos sociedades la que pasan las cosas y la que nunca pasa nada, la sociedad de los que tenemos ética y vergüenza y los que no la conocen.

Tenemos cuatro citas con las urnas: elecciones municipales, autonómicas, comicios catalanes y posiblemente antes de final de año elecciones generales, es el momento en que los ciudadanos tenemos que demostrar que nuestra fuerza está en votar y de que ustedes señores políticos no son nada si nosotros no queremos, el cambio está en nuestras manos.pero hay que recordar aquel aforismo que dice » que si me engañas una vez la culpa es tuya, pero si me engañas dos es mía». Nuestra responsabilidad es que no nos engañen dos veces.

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