Ser pobre es injusto, que es igual a decir, que el reparto de la riqueza no es justo, que no es equitativo y cada vez es mayor la brecha entre los privilegiados y el resto de la humanidad. El 1% de la población mundial, poseen tanto dinero líquido o invertido como el 99% restante de la población mundial, según un informe anual del Banco Credit Suisse hecho público ayer en Zúrich. La enorme brecha, lejos de disminuir, se amplía cada día más, a pesar de la crisis, que por lo visto no afecta a los ricos pero sí a los pobres. La riqueza mundial ha disminuido por primera vez desde la crisis bancaria, pero hay más riqueza concentrada en menos individuos,  los ricos saldrán de la crisis siendo más ricos y los pobres, más pobres.

La injusticia social aumenta, es decir, la desigualdad social, la pobreza social, la situación en que las personas tienen un acceso desigual  a los recursos y servicios cada día es mayor. El derecho a la salud, a la alimentación, al acceso al agua potable, a la vivienda, a la educación, a tener condiciones laborales decorosas, son derechos humanos, que han sido redactados por tratados internacionales con la obligación de protegerlos, respetarlos y promoverlos, pero que se olvidan cada día. Negando la oportunidad a millones de personas de ejercer sus derechos fundamentales, empezando por el derecho a la dignidad humana.

La injusticia social ha sido siempre el desencadenante de los grandes conflictos, de las grandes migraciones. Se junta la pobreza del tercer mundo y el abismo entre los ricos y los pobres de la sociedad del primer mundo. Las recetas neoliberales, la aplicación de los programas de austeridad han empeorado aún más la situación de los más desprotegidos, se está perdiendo calidad en la democracia con una clase política a menudo corrupta y se está despojando a la población de sus derechos sociales.

La pobreza es injusta, pero también la riqueza. El diseño de las políticas sociales debe partir de una justicia distributiva, no se puede aceptar que el 1% de la población mundial, posean tanto dinero líquido o invertido como el 99% restante de la población mundial. No se puede aceptar tenerlo todo y querer más. Hay que combatir la desigualdad, la injusticia, para lograr un mundo más justo y próspero. Hay que crear igualdad y justicia, la brecha sigue en ascenso y nadie hace nada para solucionarlo, no basta con empatía social y campañas solidarias, hace falta justicia distributiva.

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