El que calla, consiente, nos hacemos cómplices de los corruptos. El silencio ante lo que se escucha o se ve de otra persona, equivale muchas veces a estar de acuerdo con aquello que se dice, se escribe o se hace. Sino se está de acuerdo, se puede manifestar con entera libertad nuestra discrepancia. Si callamos, el silencio puede ser interpretado como fruto de que uno puede estar convencido de lo que oye o ve, lo considera normal y lo asume. Hasta en la Biblia dice:  “No podemos callar lo que hemos visto y oído” (Hechos 4,13-21). El silencio puede hacernos cómplices.

Esperanza Aguirre dimite por tercera vez. Acorralada por la corrupción, con su imagen deteriorada, con su número dos y su número tres en prisión. Y, con su entorno político imputados o con miedo de una imputación. Solo hay dos tipos de políticos: los que robaban y los que callaban. No se puede creer que la lideresa no se enterará de nada, por lo tanto sino hay prueba de que Aguirre robara, ha tenido que callar mucho, sobre el Canal de Isabel II, Fundescam, Granados o González. Esperanza Aguirre, dice que ha sido «engañada y traicionada», pero su silencio también es parte de la corrupción.

La impunidad de la corrupción se nutre en el silencio de las personas que un día ven algo fuera de lo normal y deciden mirar a otro lado, o lo consideran como mera anécdota o simplemente normal. Callan muchas veces por miedo, otras por complicidad y muchas simplemente por comprensión. Falta esa capacidad de denunciar las irregularidades, de aceptar la corrupción, la falta de honestidad y decencia.

Mientras no rompamos el silencio, mantendremos a los corruptores y a los corruptos y nosotros también seremos cómplices. Se mantiene una permisividad sobre la corrupción, los votantes siguen optando por su partido aunque tenga corrupción, priorizando así por otros factores a la hora de su voto. Todos los políticos no son corruptos, pero muchos son honrados y callan, no se atreven a denunciar a los culpables, sean o no de su partido. En definitiva, que no sean encubridores con su silencio. El silencio hace daño a la democracia, la ética debe estar por delante de callar y de tapar a los que roban, a los que utilizan las instituciones en su beneficio, a los corruptos en general.

Nos estamos olvidando de la ideología, de la ideas, de los principios, no podemos aceptar que la corrupción esté en nuestros partidos, en nuestras instituciones, que sea la noticia del día a día y no hacer nada. El silencio de los que son leales, de los que son sumisos y callan, resulta inadmisible. Debemos exigir a los políticos honrados que luchen contra la corrupción, que sean críticos, que no callen. Y, también es hora de que los ciudadanos dejemos de callar y oigan nuestra voz.

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