En la sociedad española y en muchos lugares del mundo, se está viviendo un discurso del odio, que muchas veces, tiene motivaciones ideológicas, pero otras son fruto del partidismo sectario, del fanatismo, de la maldad o simplemente de la ignorancia, que son utilizados como vía de expansión en las redes sociales. El ciberodio se extiende desde la política, hasta cualquier otra pasión o afición, y atacando siempre a los diferentes y a las minorías. De ser un medio de comunicación y de ocio, se ha convertido en un vehículo de incubación y transmisión de odio. El discurso del odio se ha convertido en gran coartada de muchos, con efecto dañino, para no hablar de lo importante, de no aportar argumentos ni propuestas, ni mucho menos soluciones.

El discurso del odio está en todas las orillas, en todos los colores y partidos políticos, se odia por la religión, por la raza, por ser de otro país, por la orientación sexual, por la condición económica… El odio, el rencor e incluso la revancha se convierten en una aversión contra alguien. Se odia por lo que se es o por lo que algo representa, queremos que desaparezca y queremos aniquilarlo. El odio es, de todas las pasiones, la más terrible. Porque el odio no engendra más que odio, resentimiento y violencia. El odio llena los discursos de nuestros políticos, preside sus actos, llena de basura las redes sociales y además nos toman por tontos, al empeñarse en darnos vanas lecciones de ética a los demás. El odio no está arraigado en nosotros, son otros los que están dispuestos a que odiemos al otro. Se odian ideas, ideologías, color de piel, origen, religiones, a personas y lo que ellas representan.

Basta con leer la prensa, escuchar la radio, ver la televisión o conectarse a Internet y comenzar a sentir ese discurso del odio que da asco, nadie se quiere acordar de las consecuencias del odio: exclusión, genocidios, guerras, irracionalidad. Los políticos están empeñados en utilizar el odio en sus luchas por el poder. La política junto con el odio amenaza nuestra convivencia, nuestras libertades y nuestra democracia. Pretenden convertir el odio en un sentimiento mayoritario, que no deje pensar y decidir libremente a cada uno de nosotros.

Una necesidad para algunos, para tapar todas sus deficiencias y faltas de ideas, que simplemente la utilizan a fin de obtener el apoyo que necesitan para lograr sus objetivos, sea a través del discurso tradicional o del ciberodio. Los políticos, todos independientemente de su partido político, están jugando con nosotros, parece que quieren convertir la política en almoneda, en jugar al descrédito, en convertir en tóxico todo el sistema político, donde las diferencias se convierten en odio, donde solo pretenden crear más diferencias entre nosotros y generar un odio masivo promovido a conciencia, que puede ser muy peligroso y de fatales consecuencias. Tanto monta, monta tanto su discurso de odio, se llamen Pedro, Pablo, otro Pablo, Cayetana o Santiago…

Un comentario sobre “Discurso del odio y el ciberodio.”

  1. No se trata de una cuestión ideológica, estamos hablando de un intento burdo de manipulación, lo importante es el respeto, el debate de las ideas y no el extender el odio. Es igual de donde proviene el odio, porque es igual de dañino, venga de la izquierda o de la derecha. El discurso del odio es detestable venga de donde venga.

    El odio aparte de generar violencia, también engendra miedo a perder lo que se ha alcanzado. El odio es incapaz de justificar nada, porque el odio es irracional, pasional y por lo tanto muy lejano a la objetividad y más cercano a la brutalización. El odio es negro y es gris, no admite más colores, que el rojo de la sangre.

    No sirve un discurso del odio que separa entre buenos y malos, no se puede usar el guerracivilismo en nuestra sociedad. Ni valen acusaciones de Pablo Iglesias a Iván Espinosa de los Monteros: «le gustaría dar un golpe de Estado, pero no se atreven»; ni las de Abascal a Iglesias: «Usted quiere una guerra civil y sí se atreve». No sé donde compran cada uno de ustedes las ideas, pero «yo no soy tonto», me resisto a ser engañado, ni por unos, ni por otros…

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