Las encuestas son el instrumento imperfecto para preguntar a la gente su opinión. Imperfecto porque la gente no siempre o casi nunca responde la verdad, sino lo que se espera que se responda. Los sondeos electorales publicados por los distintos medios de comunicación, agencias especializadas o partidos políticos pueden generar un doble problema: el primero, que el resultado sea negativo y desanime a los electores; y el segundo, que el resultado sea bueno o muy bueno, y esto relaje al electorado a la de votar. Lo cierto es que nadie sabe el resultado hasta después de la votación.

No está siendo un buen año para las encuestas, fallaron en España augurando un «sorpasso» de Podemos ante el PSOE; fallaron con la salida del Reino Unido de la Unión Europea y el triunfo del Brexit; fallaron en el referéndum colombiano y ahora no sabemos lo que pasará en las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

Las últimas encuestas a un día de las elecciones de Estados Unidos dan a la candidata presidencial demócrata, Hillary Clinton, hasta cuatro puntos por delante de Donald Trump. Pero, las encuestas pueden fallar, porque la impopularidad de ambos puede explicar que quienes dicen que van a votar a Trump lo hagan por no votar a Clinton. Trump tiene ventaja con respecto a Clinton entre los votantes blancos, mientras que Clinton espera el respaldo de las mujeres, de los afroamericanos y entre los hispanos.

Trump ha hecho una campaña en la que Clinton era su enemiga, ha buscado argumentos que arraiguen en actitudes primitivas de la gente, pocas ideas pero repetidas incansablemente aunque sean mentiras. Como decía Joseph Goebbels, uno de los pilares de la propaganda nazi, a base de repetir una mentira mil veces acabas transformándola en verdad. Trump ha ganado como comunicador y como showman en una campaña que se ha parecido más a un «reality». Y, eso por desgracia gusta a mucha gente, quizás la suficiente para que Trump dé la sorpresa.

Si un millonario, estrafalario, autoritario, demagogo, xenófobo, misogino es capaz de ganar las elecciones, habrá sido gracias al «share» que ha sido capaz de obtener en este reality. Mientras que Clinton ha sido la política previsible y aburrida que no ha levantado pasiones, ni con el apoyo de los numerosos artistas que le apoyado. Hasta en los medios más afines a Clinton, Trump ha roto las audiencias con sus salidas de tono, sus promesas y amenazas. Si las encuestas se equivocan, tendremos una realidad que vemos en nuestras televisiones, los peores programas son los más vistos. Y, Trump ha sido merecederor de ser el mejor, en el peor programa.

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